El impacto emocional de las palabras: Una reflexión sobre el amor y el perdón
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El valor de lo que decimos: Mi pequeña historia
Esta historia que voy a contarte es real. Es real y me pasó a mí. No es que sea una gran historia, pero a mí me valió para darme cuenta de una cosa; me sirvió para entender algo: el significado de una palabra, de unas letras, de unos símbolos en un determinado orden. Algo que, a priori, para algún extraño ajeno a nuestro lenguaje escrito y verbal, podría no entenderse.
La magia de las palabras como mensajeras
La magia de las palabras está en que son portadoras, mensajeras. Hay quien dijo algo así como: “La mala intención no va en las palabras de quien las profiere, sino que es el que las interpreta el que le da ese carácter malintencionado”. No es exactamente el caso, pero esta frase me valdrá para contarte mi pequeñísima historia.
La magia de las palabras está en que son portadoras, mensajeras. Hay quien dijo algo así como: “La mala intención no va en las palabras de quien las profiere, sino que es el que las interpreta el que le da ese carácter malintencionado”. No es exactamente el caso, pero esta frase me valdrá para contarte mi pequeñísima historia.
Un momento de revelación familiar
Hace tiempo, yo estaba enfadado con mi madre. Estábamos tratando de solucionarlo y pude decir cosas que no estaban bien; de hecho, las dije. Llegamos a un punto en que las emociones estaban a flor de piel, donde casi se perciben los sentimientos como cualquier objeto real. Mi madre me dijo: “… porque te quiero”.
Para un extranjero ajeno a nuestro mundo, puede que no tuviera sentido. Pero yo supe cómo interpretar aquello y me fui a mi habitación corriendo, casi. Me eché a llorar porque había comprendido el significado completo de las palabras “te quiero”.
La clave de la interpretación y la sinceridad
La clave está ahí. Supe cómo interpretarlas, supe lo que mi madre quería decir con ellas y, a diferencia de la frase de partida, no había mala intención en ellas. Pero esas dos palabras yo las experimenté en mí. Y he de ser franco: esas dos palabras me las pueden decir otras muchas personas, pero seguramente no sepa cómo interpretarlas.
Y te preguntarás: ¿Pero cómo? Si ya aprendiste qué significaban. Sí, pero no todo el mundo que las dice, las dice sinceramente. Pero tú sí entiendes exactamente lo que te quiero decir con “Te amo…”