Impacto Social de la Revolución Industrial: Clases, Ciudades y Desigualdad
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La Sociedad de Clases en la Revolución Industrial
Una nueva estructura social
La Revolución Industrial trajo consigo una sociedad en la que las diferencias sociales no se basaban en el nacimiento, como en el Antiguo Régimen, sino en la posesión de riqueza. Se trataba, por tanto, de una sociedad de clases. Se distinguen dos clases sociales principales con intereses enfrentados: la burguesía y la clase obrera o proletariado. La característica más importante de la sociedad de clases es su mayor dinamismo, pues mientras en la estructura estamental la movilidad social era muy restringida, en la sociedad clasista el salto de una clase a otra solo depende del poder adquisitivo.
La burguesía: la clase dominante
Con la Revolución Industrial, la burguesía alcanzó un mayor protagonismo. Era una clase dinámica y emprendedora que invertía capitales en los nuevos negocios industriales y financieros, procurando obtener los mayores beneficios económicos. Dentro de este grupo social fue especialmente importante la alta burguesía, integrada por empresarios, grandes comerciantes, industriales, financieros, etc. Este grupo se convirtió en el sector social hegemónico al poseer la mayor parte de los recursos económicos y disfrutar de una creciente influencia política.
La clase obrera: el proletariado
Los obreros de las fábricas recibían el nombre de proletariado. Este grupo constituyó la mano de obra para las nuevas industrias y se vio sometido a condiciones sociales y laborales muy duras, ya que inicialmente no existía ninguna legislación que regulase su situación laboral. Sus condiciones de vida y trabajo se caracterizaban por:
- Jornadas laborales que podían alcanzar las catorce horas.
- Salarios insuficientes, lo que obligaba a trabajar a mujeres y niños por sueldos muy escasos.
- Carencia de jubilación, seguro de desempleo y del derecho a la huelga.
- Lugares de trabajo (fábricas, minas y talleres) insalubres y sin unas mínimas condiciones higiénicas.
Las transformaciones urbanas
La Revolución Industrial convirtió las ciudades en los centros fundamentales de la vida económica, política y cultural.
Crecimiento y nuevas infraestructuras
La llegada de abundante población procedente del campo, las nuevas necesidades del transporte, del ferrocarril y de la industria provocaron importantes transformaciones, como el derribo de las viejas murallas y la construcción de nuevos espacios y edificaciones. La introducción del ferrocarril y la aparición de fábricas generaron el nacimiento de focos industriales urbanos con la consiguiente contaminación, así como la creación de infraestructuras como estaciones ferroviarias, conducciones de agua y electricidad, alumbrado y transporte público, etc.
Segregación social en la ciudad
El espacio urbano se fragmentó en función de las clases sociales que lo habitaban. Se crearon nuevos barrios residenciales o ensanches, alejados de las fábricas y bien urbanizados, en los que la burguesía construyó sus lujosas viviendas. Junto a las fábricas nacieron los barrios obreros, insalubres y con escasas condiciones de higiene, carentes en muchos casos de alcantarillado. En ellos se hacinaban los trabajadores, que a causa de las malas condiciones higiénicas de sus viviendas sufrieron con frecuencia el azote de enfermedades como el cólera o la tuberculosis.