La importancia de la rutina diaria en la educación infantil: hábitos y autonomía

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La importancia de lo cotidiano

Las actividades de la vida cotidiana son muy importantes y esenciales en la programación de Educación Infantil (E.I.). Al repetirse de forma regular, permiten adquirir hábitos de autonomía. Son totalmente globalizadoras, llevan al conocimiento de los objetos, permiten aprender a utilizarlos rechazando distracciones, favorecen la relación con los demás y la responsabilidad, y desarrollan capacidades como ordenar y clasificar. Se deben plantear de modo que sean satisfactorias y resulten agradables al niño. El adulto sirve como modelo adecuado y debe valorar todas las conductas positivas.

Habilidad

Destreza de ejecución. Se refiere a las capacidades o posibilidades físicas, motrices y cognitivas que tiene un niño para llevar a cabo una conducta. Es la mejor manera de resolver una situación en el menor tiempo posible.

Hábito

Significa conducta aprendida que se repite frecuentemente. Según Comesellas, se considera que existe un hábito cuando el individuo lleva a cabo una conducta que aprendió previamente, en el momento oportuno y de forma adecuada, y sin necesidad de control externo.

Rutina

Se refiere a la automatización de los hábitos. La adquisición de hábitos es posible después de una serie de repeticiones y acciones cotidianas de cada acción. Para conseguir que una conducta se convierta en hábito, el educador tiene que establecer el momento, el cuándo, los recursos y los lugares de ejecución de ese hábito el mayor número de veces posible. Una vez hecho esto, el niño será capaz de hacerlo automáticamente. La repetición innecesaria puede crear aburrimiento en el niño; el educador debe asegurarse de que se haga cuando es necesario, evitando que el hábito pierda su carácter funcional.

Autonomía

Es el objetivo final del proceso de adquisición de cualquier hábito. Significa prescindir de la ayuda o del apoyo de otros para tomar decisiones y solucionar situaciones cotidianas. Es un factor que favorece la madurez personal.

Los hábitos: elementos constitutivos

Son conductas que se repiten frecuentemente, no innatas, sino adquiridas a través de la experiencia y el aprendizaje.

Para adquirir un hábito es necesario:

  • La repetición de la misma conducta a lo largo del tiempo y ante los mismos estímulos.
  • El grado de madurez necesario para crear la conducta que ha de constituir el hábito.

Los hábitos dan identidad personal, ya que muestran a los demás quién se es y lo que se ha ido aprendiendo a lo largo de la vida.

Podemos dividirlos en dos bloques:

  • Hábitos personales (hábitos de comer, vestirse, higiene y limpieza, desplazamientos) y hábitos de trabajo, entendidos como la forma global de llevar a cabo las tareas escolares.
  • Hábitos de relaciones sociales (en la escuela hay que fomentar la responsabilidad personal y la solidaridad con los compañeros; es importante la participación de la familia).

Criterios que se deben tener presentes en la formación

Hay que asegurarse de que el niño cuente con las capacidades necesarias para iniciarlos. Comesellas habla de dos tipos de habilidades básicas para el inicio de la adquisición de los hábitos:

  • Habilidades de ejecución: capacidades relacionadas con la motricidad gruesa y la motricidad fina. El niño ya tiene fuerza y prensión motriz.
  • Habilidades de planificación: son habilidades de tipo más cognitivo. El niño ha de entender qué acciones, en qué orden, cuándo y dónde se han de llevar a cabo.

El proceso de adquisición de los hábitos es lento y continuo; se realiza día a día y resulta fácil si se lleva a cabo con una adecuada programación. El aprendizaje tiene que ser gradual. No se debe exigir al niño lo que todavía no es capaz de hacer. Si se observa que no se avanza, es conveniente volver a insistir en lo anterior, poco a poco.

Fases en el aprendizaje del hábito

  1. La preparación: supone analizar todos los aspectos que tienen que ver y posibilitan el aprendizaje: las habilidades necesarias, los aspectos funcionales del aprendizaje, las características del entorno y los instrumentos necesarios para llevar a cabo el hábito.

  2. El aprendizaje: muestra el hábito a adquirir, deja al niño el margen de actuación, observa las dificultades, guía, apoya y ofrece recursos, valora y da tiempo a que el niño corrija sus errores.

  3. La automatización: supone la aceptación por parte del niño. El educador en esta fase se ocupa más de proponer normas, valorar la ejecución, exigir autonomía, analizar las dificultades y motivar al niño.

  4. La consolidación: el niño ha madurado sus capacidades o habilidades iniciales, hasta que ha desarrollado capacidades nuevas. En esta fase el educador tiene que ser coherente y estable, y ha de evitar los refuerzos externos y la sobreprotección.

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