Importancia del sector energético en la economía española
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Energetico
La importancia actual del sector energético dentro de la economía española difícilmente puede reducirse a una simple medida escalar.
Si algo caracteriza al sector energético español desde la óptica de su composición sectorial —y también en la vertiente comercial, por cuanto se trata de una fuente primaria de la que se carece— es, en primer término, la dependencia del petróleo. En 1973, cuando la crisis sorprende a la economía mundial, la estructura energética española se distinguía de la de otros países desarrollados por su gran inclinación hacia el consumo de crudos, de tal modo que el petróleo venía a abastecer prácticamente las tres cuartas partes de las necesidades globales de energía primaria.
Contemplado a través del consumo primario, el sector ha seguido un perfil evolutivo marcado por una decreciente participación del petróleo, hoy algo por debajo del 50 por 100 del total. Sustancial caída en términos relativos que ha sido sucesivamente cubierta, a lo largo de los últimos decenios, y a impulsos de la política energética, primero por el carbón, luego por la energía nuclear y, más recientemente, por el gas natural.
La situación actual puede representarse a través de un balance energético muy sintético.
Precipitadas. Así, el grado «óptimo» de abastecimiento de un país es función de múltiples factores: unos, de naturaleza estructural, como la dotación de recursos autóctonos, que en España es muy escasa, o la propia composición del consumo energético, que a veces impone unas fuentes sobre otras, como sucede hoy con gran parte del transporte.
eficiencia productiva.
Hasta hace dos décadas, el sector energético español, muy protegido desde siempre y regulado con profusión en sus distintas actividades, sufría evidentes problemas de eficiencia: la producción carbonera, aquejada de seculares deficiencias estructurales, nacionalizada en gran parte y ampliamente subvencionada;
En un sentido técnico, expresa la relación entre los inputs de energía primaria y el output de energía final consumida. Se trataría de la eficiencia técnica con que una economía «convierte» sus fuentes primarias (y de lo que pierde en su transformación y distribución hasta llegar al consumo final), y que en España presenta niveles muy similares a los promedios europeos, cercanos al 70 por 100.