La Inestabilidad del Sistema Isabelino: Del Reformismo a la Revolución Gloriosa
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La Inestabilidad del Sistema Isabelino: Del Reformismo a la Revolución Gloriosa
Las Crisis del Sistema Isabelino
(Desamortización Madoz, Ley de Ferrocarriles). Las medidas reformistas no remediaron las crisis de subsistencias, que movilizaron al pueblo en 1854, generando una gran conflictividad social y el inicio del movimiento obrero en España. Espartero dimitió y la reina confió el gobierno a O'Donnell, que reprimió duramente las protestas.
Descomposición del Sistema Isabelino
Este periodo se caracteriza por la alternancia en el poder de unionistas y moderados. El nuevo gobierno unionista liderado por O'Donnell consiguió una estabilidad política acompañada de una etapa de prosperidad económica. Pero en 1863 se evidenció la descomposición del gobierno y comenzó una etapa en la que se sucedieron gobiernos inestables. O'Donnell presentó su dimisión y la reina entregó el poder a los moderados.
En 1863 y hasta 1868, Narváez regresó al poder y se retornó a los antiguos principios del moderantismo. Ante la marginación política, los progresistas pasaron a la insurrección con el apoyo de los demócratas y en 1866 tuvo lugar la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil que comportó un levantamiento.
La situación del gobierno empeoró a raíz de las crisis de subsistencias, que provocó el aumento de los precios y el descontento popular. A partir de este momento, la necesidad de promover un pronunciamiento que diera un giro a la situación se hizo evidente. En 1866, progresistas, demócratas e unionistas firman un acuerdo, “Pacto de Ostende” con el fin de promover la democratización y recuperación económica de España. Se acordó destronar a la reina Isabel II y convocar elecciones mediante sufragio universal masculino. Así en 1868 se produjo una revolución, conocida como “La Gloriosa”, con la que se dio fin al reinado de Isabel II.
Conclusiones
La llegada del liberalismo a España fue muy difícil ya que una serie de problemas dificultaron la consolidación de un sistema político parlamentario verdaderamente representativo. El favoritismo de la reina hacia los moderados distorsiono la alternancia en el poder y a menudo el cambio de partido gobernante fue resultado de un pronunciamiento militar o de una revuelta popular. Además el sufragio censitario y el falseamiento electoral dejaban el sistema político en manos de una minoría. Los militares, que habían aumentado su poder gracias a las guerras carlistas, se entrometían continuamente en el poder político, creando una gran inestabilidad.