Instituciones y Evolución Política de la Corona de Aragón en la Baja Edad Media
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Instituciones de la Corona de Aragón
- Virreyes: Representaban el poder real en aquellos territorios en los que no residía el monarca.
- Las Cortes: Limitaban el poder real, pues tenían un papel importante en la propuesta y aprobación de las leyes. Existían unas Cortes independientes en Aragón, Cataluña y Valencia, las cuales nunca llegaron a unirse.
- Las Diputaciones: En su origen fueron comisiones para organizar y recaudar los subsidios concedidos al rey, pero con el tiempo se volvieron permanentes.
- La primera en constituirse fue la de Cataluña en 1359 (Generalitat); estaba compuesta por seis miembros (dos de cada estamento) y se renovaba cada tres años. Fue añadiendo funciones como velar por el cumplimiento de las leyes del Principado o mantener el orden público.
- La Diputación del Reino de Aragón se constituyó en 1412 y, como en el caso catalán, fue añadiendo funciones políticas a las fiscales originarias.
- La última en constituirse fue la Diputación del Reino de Valencia, pero nunca tuvo funciones políticas importantes.
- El Justicia de Aragón: Cargo exclusivo del Reino de Aragón, inexistente en los otros territorios. Era un noble designado por las Cortes y su función principal era la interpretación y defensa de los fueros de Aragón frente a cualquier pretensión autoritaria de la monarquía.
- Los municipios: En la Corona de Aragón fueron cayendo en manos de las oligarquías. Estaban formados por unos delegados del poder real (que fueron perdiendo poder), unos magistrados (consellers en el caso catalán) y una asamblea formada por un número limitado de miembros (Consell de Cent en Barcelona).
La Crisis Política y el Cambio Dinástico
Tras la muerte sin descendencia de Martín I el Humano (1396-1410), se planteó un problema sucesorio que se resolvió en el Compromiso de Caspe (1412), por el que Fernando de Trastámara pasó a ser rey de la Corona de Aragón, reinando así la misma dinastía que en Castilla. Los nobles, el clero y el patriciado urbano catalanes se opusieron al nuevo rey temiendo su tendencia absolutista y su falta de aceptación de las instituciones catalanas. Otros sectores vieron en el nuevo monarca un posible aliado para mejorar sus condiciones económicas y sociales.