El internacionalismo obrero y el movimiento sindical en la segunda mitad del siglo XIX: afiliación, ideología y práctica
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El internacionalismo obrero en torno a esta figura ha generado todo un mito, no solo desde la órbita obrera, sino también desde la órbita de las élites que defendían el nacionalismo. Tratar de explicar el movimiento obrero de la segunda mitad del siglo XIX a partir de los internacionalismos resulta muy arriesgado, ya que, por los datos indirectos (no hay constancia escrita), se sabe que al proletariado le cuesta afiliarse y, por tanto, no se movilizaba en principio a través de estas figuras sindicales.
Lo que sí es cierto es que las organizaciones sindicales comienzan a hacerse visibles y que el peso del obrero fabril (no cualificado) es cada vez más importante.
Pero también es cierto que este movimiento no llega a tener ámbito ni siquiera nacional, sino más bien local.
El esquema de surgimiento de la organización sindical
El esquema de surgimiento de la organización sindical está vinculado a la reivindicación social y económica y, con el paso del tiempo, acaba incorporando el componente político, que es lo que, en definitiva, le permitirá alcanzar los logros demandados por los obreros en el ámbito social y económico.
Ideología variada y ausencia de un panorama definido
Las organizaciones vinculadas al mundo del trabajo (aún no podemos hablar de estos) en la segunda mitad del siglo XIX atienden ya a una ideología muy variada, pero no existe un panorama definido en el que cada colectivo obrero se afilie a una u otra organización por tener muy claro el marco reivindicativo que defienden unas u otras.
La movilidad de las organizaciones
Un rasgo muy importante que define el comportamiento de la masa trabajadora que se afilia es la movilidad de esta entre las organizaciones. El proceso de afiliación que se produce no se explica porque previamente se acepte un corpus teórico, sino por un discurso y una problemática que afectan a la cúpula directiva de las organizaciones, las cuales ya están ideologizadas y convencidas de la bondad de su organización frente a otras.
El uso táctico del trabajador
Esto es así por el uso táctico que el trabajador hace de su afiliación: no tanto como una comunión ideológica, sino como una forma de solventar determinados problemas. Por eso le es indiferente estar en la organización de tipo A o B. Por ello, las organizaciones son permisivas a nivel ideológico. Por ejemplo, en España se creó la UGT, en la que se integran distintas organizaciones que no comparten el ideario socialista. Esta diversidad no se permitirá en los partidos obreros.
La práctica como motor de la acción sindical
A medida que las organizaciones ganan conflictos, el trabajador aumenta su afiliación y su concienciación, lo que lleva a determinadas cúpulas sindicales a intentar iniciar la articulación del discurso teórico de la revolución con la práctica: la solución de conflictos, con un peso cada vez más importante de la práctica frente a la teoría. Por ejemplo, Pablo Iglesias (1879, PSOE) afirmaba: «A las huelgas hay que ir ya ganadas», es decir, hacer huelgas y convocar solo aquellas que se puedan ganar.
Esta es la práctica sindical de anarquistas y socialistas.
Barreras ideológicas poco precisas
El mundo que se está construyendo presenta barreras ideológicas muy poco precisas.
Relaciones complejas entre cúpulas y base
Las relaciones entre las cúpulas sindicales y la base no son fáciles, sino complejas. Resulta complicado que un conjunto heterogéneo de trabajadores que busca la utilidad de su afiliación, y que tiene ideologías diferentes, se someta a un discurso homogéneo que no encaja bien con los intereses que los han movido a la afiliación.
Esto ocurre en organizaciones comarcales, nacionales e internacionales obreras y, sobre todo, en torno a lo que acontece en la Primera Internacional (AIT).