Isabel I de Castilla: Reinado, Inquisición y el Fin del Reino Nazarí

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Isabel I de Castilla (1451-1504): Consolidación del Poder y Unificación

Durante su infancia, Isabel fue testigo de la inestabilidad de Castilla, marcada por los conflictos entre la nobleza y la autoridad de su padre. La prematura muerte de su hermano, el infante Alfonso, la situó como líder de un "partido" con apoyo aragonés, que la consideraba heredera al trono. En 1468, se firmó el acuerdo de los Toros de Guisando, donde Isabel reconocía a Enrique IV como rey legítimo, y este la nombraba sucesora. Sin embargo, el matrimonio de Isabel con Fernando de Aragón provocó la ruptura del acuerdo por parte de Enrique IV.

Tras la muerte del rey en Madrid (1474), Isabel fue proclamada reina de Castilla. Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, fortalecieron la autoridad real para poner fin a las disputas internas y unificar los intereses de ambos reinos. En Castilla, Isabel estableció una monarquía autoritaria, siguiendo los objetivos definidos en las Cortes de Toledo de 1480:

  • Organizar la administración.
  • Reactivar la hacienda.
  • Mantener el orden a través de la Santa Hermandad.
  • Preservar la unidad religiosa (mediante la Inquisición).
  • Conquistar el reino de Granada.

La Guerra de Granada concluyó en 1492 con la toma de la ciudad. Ese mismo año, Cristóbal Colón llegó a América y se decretó la expulsión de los judíos. Isabel falleció en 1504, a los 53 años, dejando un legado que incluía una política matrimonial que vincularía a España con la dinastía de los Habsburgo.

La Inquisición Española: Control Ideológico y Represión

La Inquisición fue un tribunal eclesiástico de origen medieval, presente en varios países europeos (excepto Inglaterra), dedicado a la represión de la herejía y otros delitos contra la fe cristiana. Estaba bajo la dirección del Consejo de la Suprema y General Inquisición. La Monarquía la utilizó como herramienta de control ideológico y social. Las ejecuciones públicas, conocidas como autos de fe, eran una manifestación de su poder. España fue el último país en abolirla, inicialmente por las Cortes de Cádiz en 1813, y definitivamente en 1834. La Inquisición ejerció un férreo control sobre la cultura y la censura.

El Reino Nazarí de Granada: Último Bastión Musulmán en la Península Ibérica

El Reino Nazarí fue el último reino musulmán en la Península Ibérica. Su primer monarca, Muhammad Ibn Nasr, se declaró vasallo del rey castellano Fernando III y colaboró en la toma de Sevilla (1248). Granada aprovechó su ubicación estratégica entre el norte de África y Castilla para mantener su independencia hasta el siglo XV.

En el siglo XIV, los reyes nazaríes buscaron alianzas con los benimerines, dando lugar a la Batalla del Estrecho, un conflicto por el control de las rutas comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico. En la segunda mitad del siglo XIV, los reyes nazaríes se vieron inmersos en numerosas guerras civiles. Muhammad V (1362-1391) logró recuperar territorios perdidos. En el siglo XV, el reino nazarí experimentó una crisis constante, con guerras civiles y frecuentes cambios en el trono (diez emires entre 1417 y 1450). El último emir, Muhammad XI (Boabdil), finalmente entregó Granada a los Reyes Católicos en 1492.

La economía nazarí se basaba en la agricultura, la industria de la seda y el comercio. La Alhambra era la residencia oficial de los monarcas nazaríes.

La Revuelta de los Comuneros: Una Guerra Civil Castellana (1520-1522)

La Guerra de las Comunidades de Castilla fue un conflicto civil que tuvo lugar entre 1520 y 1522. Se originó por la demanda de Carlos I de obtener subsidios elevados en las Cortes de La Coruña y la asignación de cargos clave del reino a nobles flamencos. La revuelta comenzó en Segovia. En Ávila, se constituyó la Santa Junta, que nombró a Juan de Padilla como líder del ejército comunero.

La Junta se trasladó a Tordesillas, donde residía Juana I de Castilla ("Juana la Loca"), a quien ofrecieron el trono, actuando en su nombre. La alta nobleza castellana apoyó a Carlos I, quien inicialmente intentó una política de conciliación. Sin embargo, los comuneros, liderados por Girón, perdieron Tordesillas mientras las fuerzas del rey aumentaban. Finalmente, en Villalar, los líderes comuneros fueron derrotados y ejecutados. Esta guerra marcó la derrota de la burguesía y la victoria de la nobleza, sus oponentes.

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