La Italia de Entreguerras: Crisis, Fascismo y el Régimen de Mussolini

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Italia en la Posguerra: Secuelas y Descontento

El fin de la guerra dejó en Italia graves secuelas humanas y económicas. Los salarios reales disminuyeron y el número de parados iba creciendo. Los acuerdos de paz supusieron una gran decepción, ya que los aliados acordaron la entrega a Italia de Trentino. De este modo, empezó a extenderse la idea de que la participación italiana en la guerra había sido un engaño y el irredentismo fue ganando adeptos. A esta situación se sumó la inestabilidad política. Entre 1919 y 1922 se sucedieron cinco gobiernos diferentes. La crisis económica generó una fuerte tensión social. En el norte de Italia se desarrolló un movimiento huelguístico. Todos estos movimientos fueron reprimidos, pero el miedo al estallido de una revolución social empezó a asustar a las clases más conservadoras.

El Ascenso del Fascismo: Benito Mussolini y los Fasci di Combattimento

Benito Mussolini fue un militante socialista expulsado del partido. En 1919 creó los llamados Fasci di Combattimento, un movimiento que reunía a antiguos combatientes y que contaba con un gran programa populista y nacionalista. Mussolini convirtió los Fasci en el Partido Nacional Fascista en 1921. Su política exterior era expansionista y militarista. El partido también tenía una simbología característica: la camisa negra, que era el uniforme, y el saludo a la romana con el brazo levantado. Las bases del partido se nutrieron de obreros descontentos con la situación política y social, pero, sobre todo, de la pequeña burguesía, que estaba atemorizada por la crisis y por el ascenso de las fuerzas revolucionarias obreras. Estos grupos castigaban a políticos, ayuntamientos o periódicos de izquierdas a golpes de porra y con acciones vejatorias. Pretendían callar a la oposición atemorizando a la población. Además, contaban con el apoyo de la policía y de la justicia, que dictaba penas simbólicas a los escuadristas. En el año 1921, fueron asesinadas unas 600 personas. El Partido Nacional Fascista creció rápido y en 1922 alcanzó los 700.000 afiliados.

La Marcha sobre Roma y la Toma del Poder

El Partido Nacional Fascista demostró que contaba con una buena organización en la huelga de agosto de 1922, convocada por todas las fuerzas de izquierda. Los fascistas comunicaron al gobierno que, si no era capaz de impedirla, ellos sustituirían al Estado. El golpe definitivo para hacerse con el poder llegó con la Marcha sobre Roma en octubre de 1922. Miles de camisas negras ocuparon los edificios públicos de la capital y empezaron a controlar las instituciones y las comunicaciones del norte de Italia. Asumiendo toda la responsabilidad, Víctor Manuel III pidió a Mussolini el 30 de octubre que constituyera un nuevo gobierno. En el proceso de la entrega del poder, dos instituciones desarrollaron un papel decisivo: la monarquía y el ejército. El monarca, por dejar el poder a Mussolini, y los militares, porque aconsejaron al rey no poner al ejército en la situación de tener que reprimir a los fascistas. Un gobierno de coalición entre diferentes fuerzas políticas mantuvo formalmente la vida parlamentaria, así como la libertad política y sindical. El viraje definitivo tuvo lugar a raíz del asesinato del diputado socialista Matteotti, quien había denunciado los crímenes de las escuadras fascistas y el fraude con que el Partido Nacional Fascista había conseguido ganar las elecciones. Los fascistas estaban implicados en el asesinato y, para no tener que enfrentarse a las críticas del parlamento, Mussolini asumió plenos poderes y silenció la oposición.

La Dictadura Fascista: Consolidación del Régimen de Mussolini

Entre 1922 y 1925, Mussolini desarrolló un proceso de restricción de las libertades y de persecución de sus adversarios. En las elecciones de 1924, ganadas por la coalición de Mussolini gracias a la violencia ejercida hacia sus oponentes, este anunció la instauración de un régimen autoritario. El Estado y el partido fascista quedaron totalmente identificados en un régimen en el que Mussolini se atribuyó plenos poderes y se hizo llamar Duce. El Estado ejercía un fuerte control a través del partido, que dirigía todos los aspectos de la vida social y dominaba los medios de comunicación. También controlaba la economía y apoyaba a las empresas privadas, con pedidos militares y fuertes subvenciones.