John Locke y el Rechazo a las Ideas Innatas: Fundamentos del Empirismo

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No hay principios innatos en la mente

John Locke es un filósofo empirista y, por lo tanto, se posiciona de manera contraria al innatismo. Locke niega categóricamente que existan principios innatos especulativos, principios innatos prácticos e ideas innatas.

La interpretación literal del innatismo

Cuando ataca el innatismo, Locke interpreta esta postura en un sentido literal; es decir, como la teoría de que nacemos conociendo estos principios o ideas. Así entendida, la teoría es fácil de refutar, porque es evidente que no nacemos conociendo estas ideas y principios desde el primer momento.

El argumento del consenso universal

Locke da por hecho (§2) que el defensor del innatismo sostendrá la siguiente tesis:

“Hay principios con los que todo el mundo está de acuerdo, luego son innatos”.

El primer argumento (§3) de Locke contra esta afirmación es que, aunque fuera cierto que todo el mundo conoce y está de acuerdo con estos principios, ello no probaría que son innatos. Pues podría ser que todo el mundo los hubiera adquirido por experiencia.

Ejemplo del aprendizaje por experiencia

Imaginemos, por ejemplo, que todo el mundo sabe que el fuego quema. ¿Demuestra esto que nacemos sabiendo que el fuego quema? No, porque es posible que todo el mundo lo haya aprendido a través de la experiencia sensible.

La falta de aceptación universal

En todo caso, dice Locke (§4), no es cierto que los principios que normalmente pasan por ser innatos tengan una aceptación universal. Locke pone como ejemplos:

  • El Principio de Identidad.
  • El Principio de No Contradicción.

Siempre podemos encontrar a alguien, dice, que no conozca estos principios. Si estos individuos tuvieran impresos en la mente tales principios, los conocerían; como no los conocen, se concluye que no los tienen impresos en la mente.

La razón y el descubrimiento de principios

Locke ve un posible argumento del innatista (§6). Este podría sostener que esos principios, aun estando impresos en la mente, son descubiertos por nosotros cuando, en la madurez, aprendemos a razonar.

Interpretaciones de la facultad de razonar

Para responder, Locke distingue entre dos posibles interpretaciones de esta afirmación:

  1. Podría interpretarse como la idea de que, al empezar a razonar, automáticamente pasamos a conocer estos principios.
  2. O como la idea de que la razón nos ayuda a descubrirlos (§7).

Locke argumenta que es absurdo pensar que todo lo que podemos llegar a descubrir mediante la razón —es decir, deduciéndolo a partir de proposiciones ya conocidas— estaba ya desde el principio en nuestra mente.

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