El juego en el desarrollo humano: etapas, reglas y funciones a lo largo de la vida
La evolución del juego discurre paralela a la evolución del pensamiento, la inteligencia y el desarrollo motriz del ser humano. Los juegos son cada vez más complejos según el individuo sea capaz de comprender reglas y diferenciarlas, pensar estrategias, elaborar acciones motrices precisas.
La cultura y las condiciones determinan la preferencia hacia unos tipos de juego u otros según los valores imperantes, e incluso el mismo hecho del valor de jugar en sí, es decir, si se debe o no.
Conocer las líneas de evolución nos sirve para aplicar y progresar en las actividades de juego, basándonos en las características del juego y en la fase de desarrollo y variación de la conducta.
Infancia
Piaget es el autor que postuló la evolución lúdica en la infancia, enfoque que aún sigue tomándose como referencia. Distingue tres tipos de juego que aparecen de modo paulatino en el desarrollo. El paso de una etapa a otra no es exacto, sino aproximado, en función de la madurez del niño y de los estímulos de aprendizaje recibidos, pudiendo atrasarse o adelantarse en cada persona.
Juego sensorio-motor
El juego en esta etapa consiste en explorar las características físicas de los objetos. Los primeros juegos aparecen con los progresos en el control de su cuerpo (agarrar, chupar). Se llaman sensorio-motores porque el niño ejercita nuevos comportamientos adquiridos con el fin de consolidar hábitos motores y sensaciones que les produce, lo que le resulta placentero y, por eso, repite.
Los adultos significativos en su vida le atraen y con ellos establece relaciones en los primeros juegos de interrelación social (palmitas). Estas se caracterizan por tener relación directa y real con objetos y personas con la que juega.
Juego simbólico, de representación o de ficción
El juego en esta etapa es imaginativo, ya que mediante la actividad lúdica el niño ve cualquier persona o cosa y puede hacer cualquier actividad. Aparecen los primeros manisfestaciones de juego que suponen utilización simbólica y representación mental (ej.: caja y coche), representando lo que no está en una relación ficticia de realidad. Transforma simbólicamente los objetos y adopta los papeles sociales de las personas que conoce en su medio. Esta conducta potencia la aparición del lenguaje.
Pretende dominar el mundo sometiendo a la realidad lo que representa. Con el desarrollo motor y la adquisición de nuevas habilidades, el niño amplía enormemente el campo de acción y es capaz de llevar a cabo sinfín de tareas que antes eran imposibles de desarrollar. Muchos de estos juegos de ficción son individuales. Si es con otros niños, juegan al lado del otro, pero cada uno desarrolla su ficción por separado, dirigiéndose al otro para informar o preguntar. A partir de los 4 años, la complejidad de los juegos se incrementa, hacia la representación, la cohesión y la colectividad a través de guiones que son esquemas del papel que toca representar dentro de situaciones sociales que reproducen.
Juegos de reglas
Los juegos están estructurados por reglas que regulan la interacción social, lo que se convierte en el factor central de esta etapa. Los juegos de reglas aparecen más tarde porque se construyen a partir de las dos formas de juego anteriores. Estos se hallan interrelacionados en los juegos de reglas y subordinados a ellos: tienen importantes componentes motores y, además, suponen representación colectiva del significado que tienen sus acciones (ser ladrón), pero tanto acciones como representaciones están definidas y condicionadas por reglas que marca el juego, que son de carácter obligatorio.
El juego de reglas posee un acentuado carácter social, marcado por reglas que todos los jugadores deben respetar. Esto hace necesaria la cooperación y colaboración entre todos los que juegan, ya que, si no, no hay juego. Aparece la competición entre jugadores en juegos donde gana un individuo o un equipo. Esto obliga al niño a anticiparse a los otros en sus acciones para no dejar que gane y conlleva una coordinación de intereses propios, muy importante para el desarrollo cognitivo.
En etapas anteriores, ganar solo era para empezar el juego de nuevo o para que hubiera terminado. En esta, ganar o perder es muy importante y lo hacen de verdad, evaluando el resultado final de la competición entre ellos. En el juego de reglas, todos los jugadores saben perfectamente lo que tienen que hacer ellos y sus compañeros. Son obligaciones aceptadas voluntariamente dentro de reglas.
La concepción que tiene el niño de las reglas pasa por cuatro etapas: de 2 a 4-5 años, la regla no es obligatoria, solo como ejemplo; de 5-6 a 9-10 años, la regla es convención, algo sagrado e inalterable que tiene un origen adulto y no se cambia; a partir de 10-11 años, son normas aceptadas libremente por los jugadores y producto del mutuo acuerdo, por lo que pueden modificarse siempre que los jugadores acuerden. Una vez aceptadas, deben respetarse obligatoriamente y con lealtad para no hacer trampa.
Adultos
Hay una extremada racionalización de las actividades lúdicas: dejar de lado conductas que, aunque son más cercanas a su actividad impulsiva e instintiva, se alejan del patrón cultural imperante. La persona adulta de la sociedad contemporánea subordina cualquier acción de su vida a una extremada racionalidad que gobierna todos sus pasos. Esta actitud origina la desaparición o reducción de actividades que no responden con transparencia al para qué y que no llevan implícita una utilidad clara. El juego no la tiene: no es productivo, no busca objetivos más allá de su propia práctica.
El juego, que antes había sido la actividad y actitud de mayor importancia en la infancia, ahora es infravalorado. A menudo se asocia jugar con pasatiempo, algo nada serio, totalmente secundario y complementario.
Funciones del juego en el adulto
- Válvula de escape: libera la tensión acumulada y es un espacio de respiro frente a las responsabilidades de su mundo adulto.
- Compensación del desequilibrio físico: por el sedentarismo de la vida laboral, proporciona la actividad física necesaria y, en caso de profesiones con demanda física, compensa las cadenas motoras afectadas (descarga grupos óseo-musculares utilizados y fortalece los no trabajados).
- Encuentro social: permite la relación con su grupo para compartir y cultivar amistades.
Tercera edad
El ser humano sufre cambios físicos y sociales que lo convierten en una persona vulnerable. Físicamente, empieza a encontrar limitaciones propias de la edad que se aceleran, desde la verticalidad hacia una movilidad reducida. Socialmente, se encuentra excluido del mundo laboral productivo, lo que lo convierte en una persona desocupada, disponiendo de todo el tiempo que antes ocupaba en el trabajo para el tiempo libre.
En lo psicológico, aumenta la sensibilidad y la debilidad al tener que aceptar esta realidad, mientras va perdiendo, en ocasiones, amigos, compañeros y familiares de su edad. Son muy importantes las manifestaciones de cariño y, lamentablemente, en muchas ocasiones se les desplaza y se les olvida.
El juego adquiere un papel socializador importante. Se encuentra en la forma de relación con otras personas de la misma edad, principalmente, y de ocupar el tiempo libre, encontrando distracción para llenar las horas del día. En muchas ocasiones, el juego se convierte en forma de comunicación y relación con niños. Es frecuente escuchar: "los abuelos nunca han jugado con sus hijos y con sus nietos no paran de jugar".