Jura de la Constitución de 1876 por María Cristina de Habsburgo

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Jura de la Constitución de 1876 por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo (1885)

Contexto Histórico

Tras el fallecimiento de Alfonso XII el 28 de noviembre de 1885, su viuda, María Cristina de Habsburgo, embarazada y con dos hijas (María Mercedes y María Teresa), asumió la regencia según lo establecido en el Título VIII, artículo 67, de la Constitución de 1876. El futuro heredero, aún no nacido, resultaría ser varón y reinaría como Alfonso XIII.

Siguiendo el mandato constitucional, la reina regente juró lealtad al texto constitucional el 30 de diciembre de 1885. Este acto solemne es el tema central de la pintura.

Descripción de la Obra

La pintura representa el momento del juramento. La reina regente, en luto riguroso, se encuentra en el centro de la composición, elevada sobre un escalón para destacar su figura. Su postura de perfil resalta su embarazo. Con dignidad y entereza, protege a sus dos hijas. La infanta María Mercedes, entonces posible heredera, se sitúa de frente.

Cánovas del Castillo, presidente del gobierno conservador, sostiene la Constitución mientras la reina jura. El conde de Toreno, presidente del Congreso, sostiene el texto del juramento. También aparecen Sagasta, jefe de la oposición, miembros de la familia real, diputados, senadores, el gobierno, y en primer plano, la infanta Eulalia (a la izquierda) y el general Martínez Campos (a la derecha).

Significado Político

Más allá del registro histórico, la pintura transmite un mensaje político. La muerte repentina de Alfonso XII generó una crisis política que amenazaba la estabilidad de la monarquía, recientemente restaurada con la dinastía Alfonsina. La entrevista en el Palacio de El Pardo entre Cánovas y Sagasta, con el objetivo de respetar el turnismo, fue un primer paso para resolver la crisis.

El origen austriaco de la reina regente despertó sospechas sobre un posible intento de regresar al pasado. Ante esta situación, Cánovas y Sagasta se esforzaron para que María Cristina asumiera el poder cuanto antes y jurara la Constitución. Con este acto, la regente aceptaba el liberalismo y demostraba la unión indisoluble entre la Corona, la nación (representada por la Constitución), y las Cortes.