Kant y la religión: Dios como ideal de la razón práctica y fundamento de la moral
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Kant es un pensador ilustrado en cuya obra se integran y se superan el racionalismo y el empirismo, y en el que confluyen todos los temas fundamentales de la Ilustración, entre ellos la religión.
En la Crítica de la razón práctica (KPV), Dios es presentado en la Lógica Trascendental (Dialéctica Trascendental) como una idea trascendental, que sirve como principio supremo de unificación. Es una idea no referida a objetos de experiencia y, por tanto, no podemos tener ningún conocimiento de ella; si hablamos de ella como objeto es debido a una tendencia innata que nos impulsa hacia lo incondicionado como superación de los límites impuestos por la sensibilidad y el entendimiento. Cuando queremos aplicar categorías del entendimiento a esa idea caemos en contradicción, llamada por Kant el ideal de la razón pura.
Las refutaciones kantianas de las pruebas tradicionales
Las refutaciones kantianas de las tres tradicionales pruebas de la existencia de Dios (ontológica, cosmológica y físico-teológica) se basaban en la comprobación de que se habían confundido todos los objetos nouménicos con los fenoménicos y, por eso, nunca la existencia y la naturaleza de Dios pueden fundamentarse en la experiencia. Dios está tan incomprobable como irrefutable, pero, para Kant, «es un concepto que concluye y corona todo el conocimiento humano».
En resumen, Kant no piensa que la existencia de Dios, una idea pura de la razón pura, pueda ser demostrada racionalmente. Dios puede ser pensado, pero no conocido.
Dios como Idea de la razón pura y como postulado
Dios, como Idea de la razón pura, posee un uso regulativo en el conocimiento de la naturaleza, tanto negativamente (no podemos aplicar categorías a los noúmenos) como positivamente, haciendo uso práctico de la razón. Entonces es cuando la existencia de Dios se convierte en un postulado, que dará fundamento a la creencia moral; es decir, Dios se convierte en un objeto IDEAL conforme al cual se organice la conducta humana: ¿qué debo hacer en la vida si existe Dios?
La existencia de Dios es una hipótesis teórica que constituye un acto de fe racional, de tal manera que el hombre pueda creer en la posibilidad de alcanzar el bien supremo. Es cuando la existencia de Dios permite conciliar la moralidad y la felicidad.
Veamos. Normalmente los seres humanos estamos divididos entre lo que debemos hacer (ley moral) y lo que deseamos o nos gustaría hacer (felicidad). Es más, actuar moralmente supone, en muchos casos, arruinar nuestra felicidad, por ser la virtud más esforzada y árida que el deseo. Por este motivo, postulamos la existencia de una causa de la naturaleza que en sí armonice y contenga (como idénticas) la felicidad y la moralidad o virtud. Esta causa es Dios. Dios garantiza la felicidad de un obrar virtuoso. Es la razón práctica la que nos conduce a presuponer su existencia como un ideal de la razón práctica; es por ello que la religión proviene de la moralidad, no al revés. Y esta moralidad es autónoma por encima de cualquier consideración.
De la ética a la religión
Con el postulado de la existencia de Dios, la ética conduce a la religión. A la cuestión ¿qué me cabe esperar?, responde la moral kantiana adquiriendo la categoría de salvación religiosa, ya que si hago lo debido tengo derecho a esperar que Dios corresponda a mi virtud con felicidad. Es la religión, por tanto, de carácter natural y, según la noción ilustrada, basada en la fe racional, no revelada, y que no impone más obligaciones que el culto a Dios. Sólo la revelación se admite como una creencia histórica que no puede contradecir la fe racional que es universal.
La religión dentro de los límites de la mera razón
Sus obras más representativas fueron La religión dentro de los límites de la mera razón (1793) y El conflicto de las facultades. En las cuatro partes de la primera obra, Kant se interesó, como racionalista puro, por la religión natural, y analizó racionalmente el cristianismo para convertirlo en una religión natural. Los argumentos principales son:
- Distingue en el hombre dos inclinaciones contradictorias: al bien (= observar la ley moral) y al mal (= «amor a uno mismo» como criterio de valoración moral), que se corresponde con el pecado original. La tarea del cristianismo será producir una revolución de intenciones que haga al hombre pasar del «amor a uno mismo» a la ley moral.
- Cristo es el ideal del hombre moral y la fe en él es la fe en la posibilidad de que el hombre tiene que alcanzar la ley moral.
- La Iglesia es un estado ético, una república universal regida según la ley de la virtud. Hay una Iglesia invisible (= los hombres de buena voluntad) y otra visible (libros, normas, culto).
En resumen, una religión puramente natural y racional; una religión sin dogmas, sin culto y sin organización eclesiástica.