El Legado de los Juglares y la Épica del Cantar de Mio Cid
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Los Juglares y la Épica Medieval Castellana
Los juglares eran artistas itinerantes que se ganaban la vida componiendo y difundiendo composiciones en verso de tipo narrativo por los pueblos y castillos, con la finalidad de divertir a la gente. Eran conocidos como los transmisores de los cantares de gesta, poemas épicos que se componían para ser cantados y que narraban las hazañas de héroes.
Características de los Cantares de Gesta
Estos poemas épicos presentaban rasgos distintivos:
- Autoría y Transmisión: Son de autor anónimo y se transmiten oralmente de generación en generación.
- Métrica: La métrica es irregular, con predominio de versos de entre 13 y 16 sílabas, y con rima asonante.
- Temática: Los temas son de tipo heroico, extraídos de la tradición o de las leyendas, y en ellos se narran las hazañas de héroes históricos y populares.
- Estilo: Es frecuente el empleo de fórmulas típicas de la expresión oral, facilitando su memorización y recitación.
- Propósito: Su principal propósito era entretener, informar y mantener vivos los valores de la colectividad a la que iban dirigidos.
El Cantar de Mio Cid: Obra Cumbre de la Épica Castellana
El Cantar de Mio Cid es el poema épico más antiguo que se conserva íntegro de la literatura castellana. Se encuentra en un manuscrito copiado en 1307 por un tal Per Abbat, aunque le faltan el comienzo del poema y algunos versos de su interior. En total, se conservan 3.730 versos.
No se conoce con certeza el nombre del autor original. La métrica del poema es irregular, y se compone de series o tiradas de versos sin medida fija, divididos en dos hemistiquios irregulares y con una misma rima asonante. La medida de los versos oscila entre las 10 y 20 sílabas, aunque predominan los de 14, 15 y 16.
Estructura del Cantar de Mio Cid: Los Tres Cantares
La obra se distingue en tres partes o cantares principales:
Cantar del Destierro
En esta primera parte, el Cid es desterrado de Castilla por el rey Alfonso VI. Después de atravesar Burgos, se separa de su mujer, Jimena, y de sus hijas, a las que deja en el monasterio de San Pedro de Cardeña con la promesa de volver a buscarlas. Con unos pocos seguidores leales, se dirige a tierra de musulmanes, donde consigue sus primeros éxitos militares y comienza a forjar su leyenda.
Cantar de las Bodas
El Cid conquista la ciudad de Valencia a los musulmanes y se la ofrece al rey Alfonso VI como gesto de reconciliación. El monarca le corresponde autorizando el casamiento de las hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, con los infantes de Carrión. Aunque al Cid no le agrada demasiado este matrimonio, lo acepta para no desairar al rey y consolidar su posición.
Cantar de la Afrenta de Corpes
Los infantes de Carrión, que son objeto de burla en la corte del Cid debido a su cobardía, deciden regresar a Castilla. Por el camino, y para vengarse del ridículo sufrido en Valencia, maltratan y abandonan a sus esposas en el robledal de Corpes. El Cid, tras pedir justicia al rey, se venga posteriormente de ellos en un juicio solemne y vuelve a casar a sus hijas con los infantes de Navarra y Aragón, lo que eleva aún más su honor. Al final del poema, se informa de la muerte del Cid, consolidando su figura como héroe nacional.