Leyes y Costumbres de la Antigua Esparta: El Legado de Licurgo

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La Antigüedad y Singularidad de las Leyes de Licurgo

9. Que estas leyes son muy antiguas es cosa manifiesta, pues Licurgo es dicho de nacer en tiempos de los Heraclidas; pero aun siendo tan antiguas, todavía (eti kai) ahora siguen siendo muy nuevas para los demás. Y lo más admirable de todo es que todos alaban tales costumbres (auta), pero imitarlas ninguna ciudad quiere.


Disposiciones para las Acciones de Guerra

10. Y para las acciones de guerra dispuso lo siguiente:

  • Que vistieran traje rojo, pues creyendo que tales ropas en nada se parecen a las mujeriles y son, además, las más propias para la guerra.
  • Que llevaran escudo de bronce, que se limpia en seguida y se ensucia muy poco a poco.
  • Permitió, además, que los que han pasado ya la etapa de juventud llevaran la cabellera larga, creyendo así que parecerían más altos, distinguidos y de aspecto más terrible.


El Poder y la Dignidad del Rey en el Ejército

11. Hablaré también del poder y dignidad que dio Licurgo al rey en el ejército. Pues bien, en primer lugar, la ciudad sostiene al rey o su estado mayor en campaña; y con él comparten la tienda los polemarcos, para que, estando siempre juntos, puedan deliberar mejor si algo necesitan. También la comparten otros tres hombres de los Iguales. Estos atienden a aquellos en todas las necesidades, para que ningún impedimento hubiera para ellos para atender.


La Evolución del Mando y la Autoridad

12. Hubo un tiempo en que se preocupaban por ser dignos de mandar. Ahora, en cambio, se esfuerzan mucho más por tener mando que por ser dignos de estas cosas. Pues, efectivamente, los griegos solían dirigirse en otro tiempo a Lacedemonia para suplicarles que fueran sus caudillos contra los que, al parecer, obraban injustamente; pero ahora muchos son los que mutuamente se llaman en ayuda para impedir que vuelvan estos al mando.


El Juramento Mensual y la Estabilidad de la Monarquía

13. Hacen entre sí cada mes un juramento: los éforos en nombre de la ciudad, el rey por sí mismo. El juramento es para el rey reinar según las leyes establecidas en la ciudad; y para la ciudad, dar, si aquel mantiene lo jurado, inquebrantable solidez a la monarquía.

Estas son, pues, las honras que le están otorgadas al rey mientras vive, no en mucho superiores a las de los particulares, pues no quiso ni inspirar en los reyes pensamientos de tiranía ni infundir en las ciudades envidia del poder real.

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