La Libertad y la Ética de la Autenticidad en Ortega y Gasset

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La Realidad Radical: La Vida como Quehacer

La realidad radical es “mi vida”. Y la vida es lo que hacemos y lo que nos pasa. Es decir, yo me encuentro con las cosas, en una circunstancia determinada, teniendo que hacer algo con ellas para vivir. La vida no me es dada hecha, sino como quehacer. Es decir, la tengo que hacer yo, tengo que decidir en cada instante lo que voy a hacer. Tengo que elegir entre las posibilidades con que me encuentro, y nadie puede relevarme de esa elección y decisión. Por esta razón, el problema de la libertad en la filosofía de Ortega se plantea de un modo completamente nuevo.

La Libertad como Elección Forzosa

La libertad consiste en una forzosa elección entre posibilidades. “Ser libre quiere decir carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se era y no poder instalarse de una vez para siempre en ningún ser determinado”. El hombre es, constitutiva y necesariamente libre, lo cual no quiere decir que sea libre del todo y siempre. Como la vida no está hecha, sino que tiene que hacérsela, no puede dejar de ser libre. El hombre es forzosamente libre: no tiene libertad para renunciar a ella. Como tengo que decidir lo que voy a hacer en cada instante, necesito justificarme por qué hago una cosa y no otra. La vida es responsabilidad.

La Moral de la Vocación y la Autenticidad

Podríamos hablar de la ética orteguiana como una moral de la vocación. La vida puede realizarse de un modo pleno o deficiente, ya que puede falsearse. Una vida es auténtica cuando se hace desde el propio yo, cuando el hombre es fiel a esa voz interior que lo llama a ser una cosa determinada y que por eso recibe el nombre de vocación. Cuando el hombre se abandona a lo tópico y recibido, cuando es infiel a su íntima y original vocación, falsea su vida y la convierte en inauténtica. La moralidad consiste en la autenticidad, en llevar a su máximo de realidad la vida. Vivir es vivir más. La moral consiste en que el hombre realice su personal destino.

La Superación de la Moral Dogmática y Utilitarista

Para este filósofo, si todo ser humano es un proyecto que consiste en hacerse, nada, incluida la moral, se puede presentar como algo cerrado. Por eso, rechaza cualquier moral dogmática basada en imperativos morales abstractos, ya que no permite al yo juzgar por sí mismo lo que las circunstancias exigen. Y también rechaza las morales utilitaristas que valoran las acciones por su eficacia y convierten la vida en mero cálculo. Como alternativa a ambas, Ortega apuesta por una moral heroica, una moral en la que el individuo, precisamente por querer ser él mismo, se niega a dejarse guiar desde fuera por el imperativo moral, la tradición o la conveniencia utilitaria.

El Héroe Orteguiano y el Esfuerzo Deportivo

El héroe orteguiano quiere ser fiel a sí mismo y por eso no teme entregarse en su totalidad, incluso hasta la muerte, para cumplir su misión. De este modo, reafirma su personalidad. El ideal moral no puede estar basado en las exigencias irreales del debe ser, sino en el perfeccionamiento de lo que es. El ser humano y la sociedad misma deben, por tanto, guiarse por el lema de Píndaro: “Llega a ser el que eres”. Pero siempre conscientes de que se trata de un penoso esfuerzo afrontándolo con deportividad. El hecho de querer seguir vivos implica nuestra libre aceptación de esta penosa tarea. Y aceptar libremente un penoso esfuerzo es la definición misma del esfuerzo deportivo.

Vínculo entre Ética y Antropología

La ética de Ortega aparece, así, claramente vinculada a su concepción antropológica. El yo debe buscar su perfección, que le es propia y no depende del mundo real, mundo en el que el yo debe permanecer abierto a sus exigencias y a sus posibilidades: “solo debe ser lo que puede ser y solo puede ser lo que se mueve dentro de las condiciones de lo que es”. Sin embargo,

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