Madame Bovary: El Desencanto de Emma en Yonville y la Traición de Rodolphe
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Segunda Parte: La Frustración en Yonville y la Búsqueda del Amor Romántico
El Desencanto Matrimonial y la Llegada a Yonville
La segunda parte de la novela consta de quince capítulos y comienza con la mudanza de los Bovary. Emma Bovary ya se siente profundamente frustrada en su matrimonio. Sus aspiraciones son mayores, y casarse con Charles, un simple médico vulgar, no ha cumplido las expectativas románticas que ella había forjado a través de sus lecturas. Decide que va a conseguir lo que se propuso: ser como las heroínas de las novelas románticas que leía.
En esta etapa, Emma ya ha dado a luz a su hija, Berthe, la cual es puesta al cuidado de una nodriza. Emma mantiene una relación distante con la niña, visitándola solo en contadas ocasiones.
Los Bovary viajan a Yonville en tren. Allí les espera el boticario, el señor Homais, junto con un joven estudiante de derecho llamado Léon Dupuis, quien vive en la planta superior del boticario. Léon conectó inmediatamente con los gustos de Emma, y se hicieron grandes amigos. Los primeros días de los esposos Bovary en el pueblo transcurren conociendo a los vecinos, mientras la amistad entre Emma y Léon se intensifica.
La Partida de Léon y el Surgimiento de Rodolphe
Con el paso de las semanas, la rutina se instala. Un día, Léon debe partir a París para proseguir con los trabajos de su bufete. Emma se quedó angustiada y melancólica por la marcha de su amigo, pues empezaba a crecer en ella un sentimiento lujurioso hacia él.
Poco después, apareció en casa de los Bovary un paciente llamado Rodolphe Boulanger de la Huchette, quien solicitaba una sangría. Rodolphe, un mancebo experimentado, conoció a Emma y se propuso conquistarla, especialmente durante las fiestas del pueblo.
El Adulterio y la Monotonía de la Pasión
Aunque en un primer momento Emma no cedió al ofrecimiento del adulterio, la insistencia de Rodolphe y sus palabras de amor terminaron convenciéndola. Se entregó a él en medio del bosque. Desde ese día, Emma no vivía más que para su amor secreto. Los amantes se veían a escondidas e intercambiaban:
- Cartas de amor.
- Regalos.
- Mechones de cabello.
Con el tiempo, esta pasión cayó en una peligrosa monotonía, lo cual disgustó profundamente a Emma, ya que ella veía en Rodolphe la clave de su libertad y el amor ardiente que buscaba. Rodolphe, por su parte, se cansó de sus halagos y gestos, pero no podía dejarla debido a la singular belleza de Emma. Sin embargo, comenzaron a distanciarse.
El Fracaso de Charles y la Planificación de la Fuga
Cuando Rodolphe faltó a su cita un par de días, Emma intentó reconectar con su marido. Lo animó a operar a Hippolyte, un ayudante del hospedaje del pueblo, para corregir su pie deforme. La operación, sin embargo, resultó un fracaso estrepitoso, y Emma volvió a refugiarse en su amante.
Durante una visita de la suegra de Emma, las dos mujeres mantuvieron una fuerte discusión. Charles le rogó a su esposa que le pidiera perdón a su madre. Emma al final aceptó, pero le pidió llorando a Rodolphe que la sacara de allí, iniciando así los planes de fuga de los amantes.
El Abandono y la Crisis Financiera
Justo el día de la huida, Rodolphe le escribió una carta a Emma excusándose por no poder complacerla en este “último capricho”, argumentando que era por su propio bien. Al recibir la carta (oculta en un cesto de melocotones), Emma entró en una grave crisis nerviosa que la mantuvo en cama durante todo el invierno y hasta bien entrada la primavera.
Mientras tanto, el señor Lheureux, el mercader, presionaba a Charles para que pagase las deudas de su esposa. Charles acabó por firmar un pagaré de mil doscientos francos para el año siguiente.
Emma se recuperó refugiando sus penas en la religiosidad, una práctica que el señor Homais, amigo íntimo de la familia, desaprobaba en gran medida. No obstante, la fiebre religiosa de Emma desapareció gradualmente, reemplazada por su antiguo orgullo y vanidad.
Un día, el señor Homais sugirió a Charles que sería buena idea que fuese con su esposa a ver una obra de teatro. Charles Bovary aceptó. En medio de la obra, se encontraron con Léon, quien invitó a los casados a quedarse a oír la obra de Lagardy. Charles no podía quedarse, pero animó a su esposa a hacerlo si eso la agradaba.