Margarito Duarte: El Milagro del Cuerpo Incorrupto y la Lucha por la Canonización en Roma
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La Santa
Margarito Duarte no había pasado de la escuela primaria, pero su vocación por las bellas letras le permitió una formación más amplia. La verdadera historia de Margarito Duarte había empezado seis meses antes de su llegada a Roma.
El Milagro del Cuerpo Incorrupto
Cuando abrieron las cajas donde se encontraba su esposa, vieron que esta se había convertido en polvo por los años transcurridos; en cambio, su hija había permanecido intacta. Después de once años, todavía se sentía el olor de las rosas frescas y el cuerpo carecía de peso, por lo que hasta el obispo de la diócesis decía que era un síntoma inequívoco de la santidad.
Después de contarles su historia, les mostró el baúl donde se encontraba la niña con la piel tersa y tibia. Sus ojos abiertos eran diáfanos y daban la impresión de que los veía desde la muerte. Rivero Silva quedó sorprendido con el milagro.
La Búsqueda de un Lugar y la Reacción Social
Margarito Duarte vivía muy encerrado en sí mismo. Cierto día se dirigió a Palermo a un museo de cadáveres donde podía dejar a la Santa, pero se dio cuenta de que ese lugar no era el adecuado porque se trataba de momias sin gloria.
Cierto día, María Bella entró en el cuarto de Margarito Duarte y vio la cajita donde se encontraba la Santa. Salió despavorida de miedo y se encontró con la tía Antonieta; ambas se llevaron un gran susto.
El Colombiano Silencioso y el Coro
Margarito Duarte era conocido como el colombiano silencioso y triste del cual nadie sabía nada. Estaba reunido con los jóvenes que conformaban el coro, quienes le vieron con su cajita y le preguntaron si era un violonchelo. Él dijo que era la Santa y abrió la caja con cuidado. Todo el restaurante se estremeció; algunos clientes se persignaron.
El Interés de Zavattini y el Cine
Después de que pasó el susto, llegaron a la conclusión de hablarle a Zavattini para hacer una película, ya que él era una máquina para pensar argumentos.
El sábado siguiente fueron a buscarle con Margarito Duarte, quien le mostró la cajita de madera. Zavattini miró a la Santa en silencio por varios minutos, cerró la caja y acompañó a Margarito a la puerta, diciéndole: «Dios te acompañe en tu lucha».
Luego comentó: «No sirve para el cine, pues nadie lo creería».
Poco tiempo después, Zavattini pensó que se podía hacer una película resucitando a la niña. Sin embargo, después de mucho tiempo, un pariente de Albino Luciani, impresionado por la historia de Margarito, le prometió su mediación, aunque nadie le hizo caso.
La Espera en el Vaticano
Pero dos días después le indicaron a Margarito que no se moviera de Roma, puesto que le llamarían a una audiencia privada en el Vaticano. Margarito esperaba desesperado, pero nunca se supo si era una broma.
Margarito Duarte no descansó nunca de buscar la canonización de su propia vida a través del cuerpo incorrupto de su hija; era él el verdadero santo.