La memoria histórica en "Las bicicletas son para el verano" de Fernando Fernán Gómez
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La memoria histórica en Las bicicletas son para el verano
La obra teatral Las bicicletas son para el verano, escrita por Fernando Fernán Gómez, se estrenó en abril de 1982 en el Teatro Español de Madrid. Desde entonces, se ha debatido sobre su naturaleza histórica y el tratamiento de la Guerra Civil. Atendiendo al desarrollo del conflicto, su carácter histórico es indudable, y el tema bélico está presente de forma implícita y explícita. La obra presenta la vida de un grupo de personas en el contexto de la Guerra Civil.
El conflicto bélico
El conflicto armado afecta profundamente al protagonista, con algunas consecuencias fatales: en el escenario, los sonidos de los obuses, las ametralladoras y los aviones se hacen sentir con intensidad y violencia. Lo bélico es latente y patente, aunque la palabra “guerra”, como reconoce el autor, suscita conflicto y se sustituye por vocablos neutros como “esto”. Sin embargo, aunque se evite el término, el conflicto agita la conciencia de todos. Ya en el prólogo, Luis y Pablo discuten sobre la posibilidad de una guerra. El eufemismo o la evitación del vocablo “guerra” no significa que los personajes no la estén viviendo, aunque no se encuentren en el frente de batalla.
Aspectos económicos y sufrimiento
Los aspectos económicos adquieren especial relevancia, como se observa en la precaria situación de los personajes y su subsistencia reducida a lo mínimo. Ese vivir con lo indispensable muestra la carencia extrema. Las familias sufren angustiosamente la falta de bienes cotidianos. La preocupación y el miedo afectan a todos los personajes, especialmente a doña Antonia, quien pierde a su hijo Julio, víctima del conflicto.
Memoria histórica y espacio escénico
La obra refleja las aspiraciones frustradas del grupo de personajes: cambiar de vida y cambiar la vida. El lector y el espectador perciben la memoria histórica de la guerra, la tragedia colectiva representada por un grupo de vecinos del madrileño barrio de Chamberí. En este pequeño escenario se reproducen los enfrentamientos y calamidades del conflicto y se comentan las noticias que una parte de la sociedad creía ciertas. Nunca se pierde el contacto con el exterior, pero el espacio escénico se restringe y oscurece progresivamente: desde el prólogo en el campo, pasando por el comedor de doña Dolores, hasta el tenebroso sótano del edificio.
Personajes y lenguaje
El drama de Fernando Fernán Gómez es una obra de acontecimientos, pero también, y sobre todo, de personajes aparentemente irrelevantes pero inmersos en una de las situaciones más trágicas de la historia de España. Destacan don Luis y su hijo, Luis. El comportamiento y el discurso de don Luis muestran humor e ironía incluso en los momentos más difíciles. Desde la perspectiva de Luis, la pieza, más que una obra de formación, es una obra de crecimiento. Luis crece física, afectiva e intelectualmente, y su interés por las personas y la realidad aumenta. Aunque la obra esté escrita desde la perspectiva del adolescente, la visión del autor maduro determina el ritmo de la intriga, a la vista posterior de los acontecimientos.
En el discurso de los personajes se combinan distintos registros lingüísticos. Junto al estilo grave que domina la obra, hay muestras de entonación lúdica, que actúan como elementos de contraste y distensión. Fernando Fernán Gómez ha construido una pieza aparentemente sencilla, fruto de un esmerado proceso de elaboración. Todos sus elementos contribuyen a la densidad semántica del conflicto y al desarrollo de las máximas capacidades expresivas de la acción dramática y el diálogo. La obra presenta, tanto en el texto como en la representación, unas potencialidades fílmicas y un ritmo constructivo que la convierten en una de las muestras más significativas del teatro español contemporáneo.