Miguel Hernández: Evolución Ideológica y Compromiso Poético

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Evolución Ideológica y Poética de Miguel Hernández

Primera Etapa: Influencia Reaccionaria y Católica (Hasta 1935)

Hasta 1935, la ideología de Miguel Hernández es marcadamente reaccionaria y católica, bajo la notable influencia de su amigo Ramón Sijé. Esta perspectiva se manifiesta claramente en su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, donde condena los actos revolucionarios protagonizados por los campesinos y los sindicatos obreros.

El Giro Hacia la Causa Revolucionaria (1935)

En 1935, varios factores provocan un cambio radical en su mentalidad:

  • Su participación en las Misiones Pedagógicas, que lo reconectan con la trágica realidad de la vida campesina.
  • La humillación sufrida durante su detención por la Guardia Civil.
  • La influencia y amistad con figuras como Vicente Aleixandre y Pablo Neruda.

Esta conversión a la causa revolucionaria queda reflejada en poemas y obras teatrales posteriores, como Sonreídme y Los hijos de la piedra. En ellas, expresa su acercamiento a la gente de su clase social (campesinos y obreros), su toma de partido por la causa de los oprimidos y su firme oposición al capitalismo y a la Iglesia como institución.

El Poeta Comprometido: Poesía como Arma (Guerra Civil)

A partir de este momento, su compromiso con la causa irá creciendo hasta convertirlo en el paradigma del poeta comprometido, el poeta del pueblo, e incluso el poeta soldado, concibiendo la poesía como un arma de combate. Tras el alzamiento militar de 1936 y el asesinato del padre de su esposa, Josefina Manresa, se alista voluntario en el ejército republicano. Sin embargo, poco después es rescatado para dedicarse a labores culturales y de propaganda como militante comunista.

Este compromiso se evidencia en poemas de Viento del pueblo y El hombre acecha, que incluyen homenajes a líderes destacados del partido (como la "Elegía primera", en recuerdo a Lorca, o el poema dedicado a "Pasionaria") o expresan su admiración por la Rusia soviética.

Viento del Pueblo (1937): Voz del Optimismo y la Lucha

Identificado plenamente con la causa popular, en Viento del pueblo (1937) compromete su vida y su poesía a la defensa de esta ("Sentado sobre los muertos"), asumiendo su misión como hombre y poeta: "Los poetas somos viento del pueblo". Para facilitar la comprensión y difusión, su estilo es directo y claro, y su métrica, popular.

Con un tono general de optimismo y fe, su poesía anima a defender y reclamar la tierra que los campesinos trabajan mediante la rebelión ("Aceituneros"), denuncia la explotación y el trabajo infantil ("El niño yuntero"), apela a la liberación que los propios trabajadores deben llevar a cabo, y exalta la dignidad del trabajo y el orgullo de los pueblos españoles ("Las manos", "Vientos del pueblo me llevan"). Incluso mezcla lo personal con la lucha colectiva, como en "Canción del esposo soldado": "Para el hijo será la paz que estoy forjando".

El Hombre Acecha: Desengaño y Resistencia

En cambio, El hombre acecha denota un profundo desengaño y desánimo, consecuencia directa de la evolución desfavorable de la guerra y la experiencia cercana de la muerte, el frío, el hambre y el sufrimiento ("El soldado y la nieve", "Carta"). El libro se abre con la "Canción primera", que lamenta cómo la guerra ha asalvajado al hombre. Lo cierra la "Canción última", donde el poeta relata la llegada de la desgracia a su propio hogar, aunque aferrándose a un hilo de esperanza.

En estos poemas, expresa su amor por España, critica con dureza e insultos a los enemigos (refiriéndose a "Hitler y Mussolini, los dos mariconazos") y a los dirigentes que se esconden en la política sin participar activamente en la lucha ("Los hombres viejos").

Últimos Años: Cárcel y Legado Póstumo

Acabada la Guerra Civil, Miguel Hernández es encarcelado. Muere en prisión en 1942, víctima de la tuberculosis y la desatención médica, pero sin haber renunciado jamás a sus ideales.

Su libro póstumo, Cancionero y romancero de ausencias, recoge la desolación de la guerra ("La vejez en los pueblos") y la amarga conclusión sobre tan inútil sufrimiento: la guerra sólo trae muerte, odio y falta de libertad. Reflexiona que ninguna guerra merece la pena si no es por amor:

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

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