Miguel Mihura y el Teatro de Posguerra: Innovación, Crítica y Censura

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Miguel Mihura: Innovación y Crítica en el Teatro del Siglo XX

Miguel Mihura (Madrid, 1906-1977) es un claro ejemplo de las limitaciones del teatro comercial del siglo XX. Su primera comedia, "Tres sombreros de copa", no fue representada hasta pasados 20 años, lo que tuvo una doble consecuencia: por un lado, impidió la creación de una línea renovadora del teatro y, por otro, frenó el auge de Miguel Mihura.

Sus numerosas obras estrenadas a partir de 1953, pese a su habilidad, están por debajo de la calidad de su primera comedia, la cual conjuga la tradición de la comedia bien hecha y el teatro de humor con el espíritu iconoclasta de las Vanguardias. Mihura acierta al unir estos elementos, satirizando la rutina y mediocridad de la burguesía de provincias y la miserable vida del teatro de variedades, cuya ilusión es una alternativa pasajera.

La estructura de sus obras es clásica, respetando las unidades de espacio y tiempo. La transgresión viene por las situaciones y el lenguaje, que generan humor, con una carga de rebeldía estética y moral. Otros factores como los personajes, los símbolos y el sonido también contribuyen a esta transgresión. Situaciones insólitas, el uso inadecuado de objetos, la poca lógica y los juegos lingüísticos ridiculizan los intereses, convenciones e instituciones que imposibilitan la libertad individual y la felicidad absoluta.

El Teatro de Testimonio Social y la Censura

La literatura del medio siglo y el teatro de testimonio social: Desde mediados de los años 50 se puede hablar de realismo social. Aparecen dos nuevos autores realistas, Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre, con posturas distintas pero ambos comprometidos con un drama que se enfrenta a la censura de la época para ofrecer una denuncia.

En el teatro comercial dominan los melodramas y las comedias burguesas, revistas y zarzuelas. Estas obras, antes de presentarse, se sometían a la censura que, o bien prohibía su representación, o eliminaba escenas. En 1960 surgió el debate entre estos dos escritores por la manera de enfrentarse a la censura. Buero Vallejo era partidario de atenuar su crítica con tal de conseguir su representación, mientras que Sastre creía que, aun a riesgo de no ver representadas sus obras, era mejor expresarse con libertad. Estas posturas se conocen como posibilismo e imposibilismo, respectivamente.