El movimiento obrero: origen, luchas y organización de la clase trabajadora
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El movimiento obrero
Surge entonces una nueva clase social, el proletariado, compuesta mayoritariamente por artesanos reconvertidos o campesinos que formaron parte del éxodo rural. Se vieron sometidos a la disciplina de las fábricas, con rigidez y largas jornadas de trabajo, en lugares lúgubres e insalubres, con ausencia total de seguridad o higiene en el trabajo, salarios bajos y escasos, despido libre, inexistencia de vacaciones y de seguridad social. Además, fue general el trabajo femenino e infantil, siendo la obra de Dickens un documento literario que permite acercarnos a esta realidad descrita.
Lo anterior va a llevar a la toma de conciencia de los obreros, que pasan a convertirse en proletarios, dando lugar al desarrollo del movimiento obrero. Fueron diversas las formas de organización para reivindicar la mejora de su situación y condiciones laborales:
El ludismo
Liderado por Ned Ludd, vio en las máquinas a los causantes de la situación crítica del obrero. Por eso su objetivo era destruir las máquinas. Tuvo especial desarrollo en el centro de Inglaterra entre 1810 y 1820, aunque tuvo escasa organización.
La vía asociativa
Otra vía fue la asociativa, con la formación de asociaciones o mutualidades. Así, en 1799-1800 se promulgan leyes en Inglaterra que prohíben las asociaciones obreras (algo que ya existía en Francia desde 1793 con la ley Le Chapelier). Ya no siendo acusados de conspiradores, los obreros fundan asociaciones de apoyo mutuo, que se harán más combativas a medida que empeoran su situación. No obstante, el Parlamento inglés legalizará en 1824 los sindicatos (trade unions).
El socialismo utópico
Otro tipo de soluciones para los problemas de los obreros fueron las ofrecidas por el socialismo utópico, con autores como Robert Owen o Charles Fourier. Robert Owen fundó una cooperativa en su fábrica de Escocia con escuelas y economatos, y redujo la jornada laboral de los trabajadores. Charles Fourier propuso una nueva sociedad basada en cooperativas de producción (falansterios) donde los obreros pudieran vivir y trabajar.
El movimiento cartista
El movimiento obrero fue consciente de que, si querían mejorar su situación, debían estar presentes en el Parlamento para modificarla. Esto les llevó a luchar por el sufragio universal y por la eliminación del certificado de propiedad exigido para poder ser parlamentario. Sus reivindicaciones se plasmaron en la “Carta del Pueblo” (1838), reuniéndose en 1839 el I Congreso cartista bajo la inspiración de O’Connor y O’Brien. Defendieron las huelgas, pero las disensiones internas llevaron a la disolución del movimiento.
Las demandas del cartismo fueron:
- Sufragio universal masculino.
- Voto secreto.
- Convocatoria general del Parlamento.
- Supresión del requisito de ser propietario para ser elegido miembro del Parlamento.
- Sueldo para los parlamentarios, lo que garantizaba el acceso de los trabajadores al Parlamento.
La revolución de 1848
Con la Revolución de 1848, el movimiento obrero va a alcanzar su mayoría de edad. No podemos olvidar que en ese mismo año se publica el Manifiesto comunista, además de lograr la presencia de representantes socialistas en el Gobierno Provisional francés.
Las corrientes ideológicas
Desde entonces existirán dos tendencias ideológico-políticas que tratarán de atraerse a la clase obrera: el marxismo (Marx y Engels) y el anarquismo (Bakunin y Kropotkin). Confluirán ambos en la I Internacional o AIT (1864-1876), aunque las diferencias internas llevarán a la escisión anarquista.
Nuevo impulso a finales del siglo XIX
Asimismo, a finales del siglo XIX se abre un nuevo impulso con la aparición de partidos políticos obreros, sindicatos y nuevas internacionales.