La música en el cine mudo: historia, sala y rodaje
La música en los años del cine mudo
Podemos comenzar diciendo que las primeras músicas de cine eran tocadas en el exterior de la sala, con la idea de captar la atención del público que deambulaba por sus proximidades. Entonces, el cine era tan solo un espectáculo de barraca ubicado en las ferias.
En la sala
Más adelante, la música entró en las salas de café concert y variedades, generalmente interpretada por un pianista, un organista y, en contadas ocasiones, por una pequeña orquesta. Aun dentro de la sala, el público tenía la costumbre de hacer comentarios en voz alta, abuchear o aplaudir. Y aunque en ocasiones había un narrador o comentarista en la sala, la música tenía entre sus funciones la de acallar a la gente, llamar su atención sobre la pantalla (subrayando las acciones y los momentos más emocionantes) y encadenar los diferentes fragmentos que se iban proyectando, que casi siempre eran inconexos entre sí (escenas cómicas, ficción, danza y variedades, etc.).
Poco a poco, la música se fue convirtiendo en un hilo casi imperceptible, capaz de conectar al espectador con la pantalla, de aislarle en su particular sueño (del bullicio de los demás y del ruido exterior) y, a la vez, de hacer cristalizar colectivamente las reacciones del público, captando su atención sobre un detalle, sobre un personaje (el imaginario colectivo).
En el rodaje
También era habitual que hubiera música en los rodajes, interpretada por instrumentistas especializados que eran contratados de forma más o menos permanente. Su trabajo consistía en ayudar a crear una atmósfera adecuada, a inspirar el ritmo de la escena, a favorecer la concentración del equipo y a guiar los gestos y expresiones de los actores.
Por ejemplo, en el rodaje de Judith de Betulia (1913-1914), Griffith hizo tocar en el plató a toda una orquesta con el fin de ayudar a las interpretaciones de la actriz. En Intolerancia (1917), ya despertó la furia de los miles de figurantes que participaban en las escenas de batalla.
El compositor Carl Davis, especialista en la reconstrucción de músicas para el cine mudo, descubrió una foto del rodaje de Avaricia (Erich von Stroheim, 1923) en la que se ve a un violinista y a un intérprete de armonio, con traje y corbata, tocando mientras se rueda una escena en el desierto a pleno sol del día. Para ilustrar esta cuestión, podemos disfrutar de la comedia musical Cantando bajo la lluvia (Donald O'Connor, 1952).