La música en Platón y Aristóteles: ética, placer y catarsis
Resumen
El texto analiza cómo Platón y Aristóteles entienden la música: para Platón oscila entre su condena por su efecto placentero y su valor ético-educativo, mientras que Aristóteles le atribuye fines educativos, catárticos y de recreo. Permite comprender la relación entre música, belleza, razón y placer en la filosofía griega.
Puntos clave
- Platón oscila entre la condena de la música y su exaltación como forma de belleza y verdad.
- En la República, Platón considera la música y la poesía como artes que apartan de la contemplación de la belleza en sí.
- Platón concibe la música sobre todo como techné (arte) y no como ciencia, y como fuente de placer.
- Platón se separa de la tradición pitagórica, que valoraba la música por sus virtudes éticas.
- Aristóteles sostiene que la música sirve a tres fines: educativo, catártico y de recreo o diversión.
- La concepción aristotélica abre una perspectiva estético-hedonista que pervivirá en la historia del pensamiento musical.
Platón y Aristóteles
En los diálogos de Platón confluyen, también con escasa sistematicidad, todas las fuentes de la especulación anterior sobre la música. No por eso puede decirse que Platón, en lo tocante a la musica, sea un mero eco de las doctrinas de otros. El interés y la fecundidad de su pensamiento musical radican, mas bien, en el hecho de que la música representa uno de los núcleos temáticos de su filosofía. No resulta fácil reconstruir sus ideas sobre la música, desde el momento que en casi todos los diálogos la música comparece adoptando aspectos distintos, moviéndose entre una reflexión ético-politica y consideraciones de orden matemático-astronómico hedonista, metafìsico-filosòfico.
Por otra parte, Platón parece oscilar, en sus diálogos, entre una radical condena de la música y su incondicional exaltación como forma suprema de belleza y verdad. En la República afirma de este modo: «Aquellos que aman las audiciones y los espectáculos se deleitan con sonidos bellos o con colores y figuras bellas, y con todo lo que se fabrica con cosas de esa índole; pero su pensamiento es incapaz de divisar la naturaleza de lo bello en sí y de deleitarse con ella»4. En este fragmento, en el que la música es asimilada a la artes bajo la misma condena, no sólo no se alude a ninguna virtud ético-educativa que le sea propia, sino que se pone de relieve que nos aleja de la contemplación de la belleza en sí. Esta última parece, por tanto, estar concebida como objeto de la contemplación filosófica y no de los sentidos. El libro décimo de la República confirma este punto de vista. Por tanto, en el estado ideal soñado por Platón «la musa voluptuosa» (esto es, la poesía y la música) debe ser prohibida, ya que, de otro modo «el placer y el dolor reinarán en tu Estado en lugar de la ley de la razón que la comunidad juzgue siempre la mejor»: «la desavenencia entre la filosofía y la poesía es de antigua data»5. Al atribuir a la música sólo el efecto de producir placer, Platón parece separarse de la tradición pitagórica, que consideraba la música sobre todo por sus virtudes éticas. La música en cuanto fuente de placer es ante todo una techné, es decir, un arte y no una ciencia. La música viene a ser, por tanto, un hacer, cuya utilidad es indudable de cara, al menos, a la producción de un placer, pero cuya licitud debe ser cuidadosamente examinada. Esta concepción, en el fondo parcialmente negativa, podemos encontrarla en Platón cada vez que éste considera la música como el ejercicio efectivo. totalmente perjudiciales desde el punto de vista ético; la música es una medicina para el alma, pero sólo cuando imita las pasiones o las emociones que nos atormentan y de las que deseamos liberarnos o purificarnos.
Para Aristóteles la catarsis no se identifica, por consiguiente, con la educación, en el sentido platónico del término. Puede, como mucho, constituir simplemente una técnica de cara a obtener un mayor bienestar para el hombre. En efecto, también en la Política se nos dice que «la música debe emplearse no en orden a uno de los beneficios que ella confiere, sino en orden a varios —sirve en efecto con fines educativos y con fines catárticos (...) y en tercer lugar sirve como juego o diversión útil para relajar nuestra tensión y hacernos descansar de ella»18. Se intuye, de este modo, la posibilidad de usar todas las armonías, desde el momento que los tres fines principales que la música alcanza no se encuentran separados, sino que se integran el uno en el otro. La falta de censura de Aristóteles, en lo que se refiere a la música, abre la perspectiva a una consideración de la misma mucho más desvinculada de presupuestos moralistas, y puede dejarnos entrever una exigencia que, usando un término completamente extraño a la cultura y mentalidad griegas, podríamos calificar, quizá impropiamente, como «estética». La aceptación del placer como factor orgánicamente conectado al disfrute musical parece confirmar esta perspectiva estético-hedonista, la cual permanecerá como un sutil hilo conductor durante toda la historia del pensamiento musical.
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PDF Word HTMLPreguntas frecuentes
¿Por qué Platón quería prohibir la música en su Estado ideal?
En el libro décimo de la República, Platón considera que la música y la poesía, «la musa voluptuosa», producen placer y dolor que pueden reinar sobre la ley de la razón. Por ello deben prohibirse en el estado ideal.
¿Qué diferencia hay entre la concepción de la música de Platón y la de Aristóteles?
Platón la considera sobre todo como fuente de placer y la somete a examen por su licitud, mientras que Aristóteles le reconoce fines educativos, catárticos y de diversión, sin una censura moralista tan marcada.
¿Qué es la catarsis musical según Aristóteles?
Según el texto, la catarsis es una de las finalidades de la música junto a la educación y el recreo. Aristóteles la entiende como una técnica para obtener un mayor bienestar, y no se identifica con la educación platónica.
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