El Nacimiento del Liberalismo en España: De las Abdicaciones de Bayona a la Constitución de 1812

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Crisis del Reinado de Carlos IV y la Monarquía

Carlos IV apartó del gobierno a los ministros ilustrados y, en 1792, confió el poder a un joven militar, Manuel Godoy. La ejecución del monarca francés, Luis XVI, hizo que Carlos IV declarara la guerra a Francia, en coalición con otras monarquías absolutas (1793-1795). La derrota de las tropas españolas fue inapelable.

Desde el ascenso al poder de Napoleón Bonaparte, las alianzas con Francia derivaron en un conflicto con Gran Bretaña, donde la Batalla de Trafalgar constituyó el hito más relevante, lo que supuso la pérdida de casi toda la flota de Carlos IV. El desastre naval acentuó la crisis de la Hacienda Real. Ante esta situación, Godoy recurrió al endeudamiento y al aumento de las contribuciones, y planteó reformas como la desamortización de tierras eclesiásticas, con el fin de conseguir recursos para el Estado.

El Motín de Aranjuez y el Tratado de Fontainebleau

En 1807, Godoy firmó un tratado con Napoleón (Fontainebleau) que autorizaba a los ejércitos napoleónicos a entrar en España para atacar a Portugal. Los franceses atravesaron los Pirineos en febrero de 1808 y las tropas se situaron en puntos estratégicos desde donde habían de desplegarse por el territorio.

El 18 de marzo de 1808 estalló el Motín de Aranjuez. Con participación popular y dirigido por la nobleza palaciega y el clero, perseguía la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII.

José Bonaparte y las Abdicaciones de Bayona

Carlos IV y Fernando VII fueron llamados por Napoleón a Bayona, donde abdicaron ambos en la persona de Napoleón Bonaparte. Este nombró a su hermano, José I, rey de España y convocó a Cortes a fin de aprobar una Constitución (el Estatuto de Bayona) que acabase con el Antiguo Régimen y ratificase el nombramiento de José I.

Este inició una experiencia reformista que pretendía la liquidación del Antiguo Régimen y que se concretó, entre otras medidas, en la abolición del régimen señorial, la desamortización de tierras de la Iglesia y la desvinculación de los mayorazgos y tierras de manos muertas.

La Guerra de la Independencia

El 2 de mayo, una multitud se congregó ante el Palacio Real para impedir la partida de la familia real y se alzó de forma espontánea contra la presencia francesa. La revuelta fue duramente reprimida por las tropas del general Murat. Pero en muchos otros lugares, la población se alzó ante la invasión francesa y surgieron Juntas de Armamento y Defensa ante el vacío de poder.

Las Juntas fueron primero locales, luego provinciales y, en septiembre, enviaron representantes a Aranjuez para formar una Junta Suprema Central que coordinase la guerra y dirigiese el país. Esta Junta acabó fijando su sede en Cádiz.

Estrategias de Combate: Sitios y Guerrillas

  • El Sitio: Consistía en que, cuando el enemigo francés asediaba una ciudad, la bombardeaba e incluso abría una brecha en ella; la población entera, atrincherada en la calle, casa a casa y cuerpo a cuerpo, la defendía hasta la muerte. Son legendarios los sitios de Zaragoza (con Agustina de Aragón) y Gerona.
  • La Guerrilla: Eran pequeñas partidas formadas por soldados dispersos o campesinos que, valiéndose de su conocimiento del terreno, movilidad y sorpresa, daban tremendos golpes mediante emboscadas, cortando comunicaciones e impidiendo el aprovisionamiento. Luego huían y se preparaban para el siguiente ataque por sorpresa.

Desarrollo de la Guerra: Fases principales

  1. Primera fase: El predominio francés era abrumador. Napoleón pensaba que sería una guerra corta, pero la resistencia de Zaragoza y Gerona, y la derrota del ejército francés en Bailén (julio de 1808), donde las tropas españolas derrotaron al general Dupont, trastocaron sus planes. Como consecuencia, Andalucía quedó libre de tropas francesas, Madrid fue evacuado y Napoleón se puso al frente de un gran ejército para entrar de nuevo en la capital. Poco después se rindieron Zaragoza y Gerona, y la derrota española en Ocaña abrió a los franceses la puerta de Andalucía.
  2. Segunda fase: A partir de enero, el ejército francés ocupó toda Andalucía excepto Cádiz. Aunque casi toda la península estaba ocupada, las guerrillas actuaban intensamente causando un desgaste continuo en el ejército francés.
  3. Tercera fase: En 1812 se produce un cambio radical. Napoleón invade Rusia y retira de España a la mitad de sus tropas. Esto favorece la ofensiva angloespañola dirigida por el general Wellington. Las tropas avanzan hasta tomar Madrid y, finalmente, tras las derrotas de Vitoria y San Marcial, los franceses abandonan la península.

Actitudes Sociales ante la Ocupación

Los Afrancesados

Minoría de españoles que colaboraron con la monarquía de José I. La mayoría procedía del despotismo ilustrado y se sentía vinculado con su programa reformista. Al final de la guerra, tuvieron que exiliarse ante la persecución de Fernando VII.

Los Patriotas

El grueso de la población española formó lo que se conoce como Frente Patriótico, dividido en cuatro posturas:

  • Absolutistas: Formados por parte de la nobleza y el clero, deseaban la vuelta al absolutismo bajo la monarquía de Fernando VII.
  • Ilustrados: Creían que con la vuelta de Fernando se podía emprender un programa de reformas y la modernización del país dentro de los cauces del Antiguo Régimen.
  • Liberales: Veían en la guerra la oportunidad de realizar un cambio en el sistema político para implantar en España un sistema liberal.
  • Pueblo: En su mayoría inculto y sin una ideología concreta, afrontó la guerra como un movimiento de defensa y resistencia contra el invasor.

Las Cortes de Cádiz

Cádiz, la única ciudad no ocupada por los franceses, había sido sede de la Casa de Contratación, lo cual representaba un intenso comercio con América y el núcleo de una clase burguesa de intereses mercantiles. Uno de los últimos actos de la Junta Central antes de su disolución fue la creación de una Comisión de Cortes, encargada de los trabajos preparatorios para la convocatoria de unas Cortes extraordinarias.

En 1809, esta comisión llevó a cabo una consulta al país entre Juntas provinciales, audiencias y ayuntamientos sobre las reformas necesarias. La opinión pública y la Junta Central se encontraban divididas: unos pensaban en unas Cortes estamentales y otros en la soberanía de la nación. Disuelta la Junta Central, se constituyó el Consejo de Regencia en 1810 en una Cádiz sitiada. Las Cortes se realizarían sin la tradicional división en estamentos, sino en una cámara única formada por los diputados.

Apertura y Labor Legislativa

Las Cortes Generales iniciaron sus sesiones el 24 de septiembre de 1810. El primero en pedir la palabra fue el sacerdote y diputado Muñoz Torrero, quien propuso y consiguió la aprobación de los principios de soberanía nacional y división de poderes. Se afirmó que la única fuente de autoridad y legitimidad era la nación y no el rey.

Entre las decisiones legislativas más importantes destacan:

  • Supresión de los señoríos jurisdiccionales.
  • Ley de reparto de tierras de propios y baldíos, y desamortización de tierras de órdenes religiosas.
  • Abolición de los privilegios económicos y políticos de la sociedad estamental.
  • Implantación de la libertad de trabajo, producción industrial, precios y contratación (oferta y demanda).
  • Desaparición del sistema gremial.
  • Libertad de imprenta y eliminación de la censura.
  • Abolición de la Inquisición.
  • Centralización administrativa: división en provincias con un gobernador y una diputación.

La Constitución de 1812

La principal obra fue la promulgación de la Constitución de 1812 (conocida como "La Pepa"), el primer documento institucional de ideología liberal y origen popular en España. Es muy extensa (11 títulos y 384 artículos). La influencia francesa de 1791 es evidente, aunque en el tema religioso presenta profundas diferencias. Apenas tuvo vigencia, pero es el hito inicial del constitucionalismo español.

Consecuencias y Valoración Histórica

La situación de España en 1810 era confusa, no solo por la guerra, sino por la evidente descomposición de las instituciones, el desprestigio de las autoridades del reinado anterior y la crisis general del Antiguo Régimen. El grupo liberal impuso sus criterios a lo largo de tres años de sesiones.

La importancia de los acuerdos tomados en Cádiz radica en el paso decisivo del Antiguo al Nuevo Régimen: de una monarquía absolutista a una monarquía parlamentaria, y de una sociedad estamental basada en privilegios de sangre a una sociedad con igualdad legal. No hay que olvidar que esa igualdad jurídica significaba que las diferencias sociales radicarían en la posesión de riqueza; por tanto, los cambios beneficiarían principalmente a la clase burguesa a través de la supresión de mayorazgos, vinculaciones y los intentos de desamortización que, aunque no pudieron realizarse plenamente en ese momento, marcaron el camino futuro.

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