La naturaleza de la virtud: el camino hacia la excelencia moral

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La naturaleza de la virtud y la práctica moral

Uno podría preguntarse cómo decimos que los hombres han de hacerse justos practicando la justicia, y moderados practicando la moderación, puesto que si practican la justicia y la moderación son ya justos y moderados, del mismo modo que si practican la gramática y la música son gramáticos y músicos. Pero ni siquiera este es el caso de las artes.

Diferencias entre artes y virtudes

Es posible hacer algo gramatical, o por casualidad o por sugerencia de otro. Así pues, uno será gramático si hace algo gramatical o gramaticalmente, es decir, de acuerdo con los conocimientos gramaticales que posee. Además, no son semejantes el caso de las artes y el de las virtudes:

  • Las artes: Las cosas producidas tienen su bien en sí mismas; basta que, una vez realizadas, tengan ciertas condiciones.
  • Las virtudes: Las acciones no son justas o sobrias solo por su resultado, sino por la disposición del agente al realizarlas.

Condiciones para la acción virtuosa

Para que una acción sea considerada virtuosa, el individuo debe cumplir con tres requisitos fundamentales:

  1. Saber lo que hace.
  2. Elegir las acciones por sí mismas.
  3. Realizarlas con firmeza e inquebrantablemente.

Estas condiciones no cuentan para la posesión de las demás artes, excepto el conocimiento mismo; en cambio, para la de las virtudes, el conocimiento tiene poco o ningún peso, mientras que las demás condiciones son fundamentales, ya que surgen de realizar muchas veces actos justos y moderados.

La importancia de la práctica constante

Así, las acciones se llaman justas y moderadas cuando son tales que un hombre justo y moderado podría realizarlas; y es justo y moderado no el que las hace, sino el que las hace como las hacen los justos y moderados. Se dice bien, pues, que realizando acciones justas y moderadas se hace uno justo y moderado respectivamente; y sin hacerlas, nadie podría llegar a ser bueno.

Pero la mayoría no ejerce estas cosas, sino que, refugiándose en la teoría, creen filosofar y poder, así, ser hombres virtuosos; se comportan como los enfermos que escuchan con atención a los médicos, pero no hacen nada de lo que les prescriben.

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