El Neosurrealismo en la Poesía Española de los 80

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El Neosurrealismo

En este momento resurge una corriente estética que siempre ha ido asimilada a la protesta y la reivindicación: el surrealismo. En 1980, Blanca Andreu gana un premio de mucho prestigio con el libro titulado De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981), el Adonais. Este libro supone un acontecimiento que favorece ese resurgir del surrealismo. Este acontecimiento tiene varias causas:

  • Intervienen factores formales, la frescura y la originalidad, el aire de modernidad y actualidad que venía a trasladar una voz femenina a la cosmovisión de la época.

El éxito de Blanca Andreu contribuye a asentar el surrealismo y también suele considerarse la eclosión de una poesía femenina.

Al libro de Blanca Andreu le sucedieron otras obras que asentarían esta vertiente estética a lo largo de los 80, década en la que se iba consolidando la tendencia figurativa y se iba asentando el neosurrealismo. En el año 83, Fernando Beltrán publica Aquelarre en Madrid.

Rasgos del Neosurrealismo:

  • Se acogen al versículo amplio
  • Ruptura sintáctica
  • Presencia de la imagen onírica

La crítica recibe la corriente neosurrealista con cierta reticencia, algunos ven en esta corriente un intento de disimular ciertas torpezas e imprecisiones léxicas. Aunque a partir de la segunda mitad de los 80 ya pocas cosas van pudiendo llamarse surrealismo en sentido estricto, nos podemos encontrar bastantes escrituras poéticas que contienen de algún modo ese neosurrealismo. Una de esas vertientes estéticas que contienen las fórmulas surrealistas es la ‘nueva épica’. Dentro de esta se distinguieron dos vertientes:

Dos vertientes de la nueva épica:

1. Tradición del Versículo (Villena)

Se refería a esta tradición como un tipo de poesía que trataba de rescatar una memoria colectiva, un espacio y un tiempo míticos por lo general emplazados en un mundo rural. Suele considerarse a Julio Llamazares como el fundador de esta nueva épica. En el 79 publica La lentitud de los bueyes y en el 82 Memoria de la nieve, que se consideran grandes ejemplos de la tradición del versículo. La poesía de Llamazares tiene un fuerte componente intimista.

2. La Vertiente de J. Martínez Mesanza

Publica una sucesión de libros llamada Europa. Esta poesía se basa en la evocación de motivos relevantes de la historia occidental. Va creando en sus versos un universo heroico y ficticio. La poesía de Mesanza es una excepción dentro de la lírica de los 80, porque por un lado esos endecasílabos y la voluntad de ser transparente la aproxima a la poesía de la experiencia. Sin embargo, este conjunto de valores que Mesanza defiende configuran una cosmovisión moral que, de forma indirecta, impugna toda clase de pensamiento débil, un pragmatismo contrario a la poesía de la experiencia.

Estos dos autores no se parecen formalmente en nada; como mucho podemos reconocer que ambos tienden a la elaboración de un universo contrapunto: el contemporáneo.