El objetivo mas importante de todo país es impulsar el bienestar económico y social mediante las restricciones arancelarias
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1. ¿Cuál es el pecado original de Estados Unidos? El llamado «pecado original» de Estados Unidos hace referencia al problema racial que ha acompañado al país desde su fundación y que contradice los principios de libertad e igualdad proclamados en su nacimiento. Mientras la independencia estadounidense se basaba en la idea de que todos los hombres nacen iguales y poseen derechos inalienables, la realidad era que una parte importante de la población, especialmente los afroamericanos esclavizados, quedaba excluida de estos derechos. Tras la abolición de la esclavitud en el Siglo XIX, la discriminación continuó mediante las leyes de segregación racial, que establecían una separación entre blancos y negros en la educación, el transporte, los espacios públicos y el acceso a la participación política. Esta situación convirtió a los afroamericanos en ciudadanos de segunda categoría y generó profundas desigualdades económicas y sociales. Durante los años cincuenta y sesenta, el movimiento por los derechos civiles puso en evidencia esta contradicción entre los valores democráticos de Estados Unidos y la realidad de millones de ciudadanos que seguían sufriendo discriminación. Por ello, los apuntes identifican la cuestión racial como el gran pecado original estadounidense, ya que cuestionaba la legitimidad moral de una democracia que proclamaba la igualdad mientras manténía mecanismos de exclusión dentro de su propia sociedad. Esta problemática no solo marcó la política interior del país, sino que también afectó a su imagen internacional en plena Guerra Fría, cuando Estados Unidos pretendía presentarse como modelo de libertad frente al bloque soviético. 2. ¿Quién ganó las elecciones de Junio de 1968 y por qué? Las elecciones legislativas francesas de Junio de 1968 fueron ganadas por el bloque gaullista liderado por Charles de Gaulle, obteniendo una de las victorias más amplias de la derecha francesa durante la Quinta República. Este resultado es especialmente significativo porque se produjo justo después de las movilizaciones del Mayo del 68, uno de los mayores movimientos de protesta de la Europa contemporánea. Durante semanas, Francia vivíó una situación de gran tensión social caracterizada por manifestaciones estudiantiles, ocupaciones universitarias, enfrentamientos con la policía y una huelga general que llegó a movilizar a millones de trabajadores. Sin embargo, cuando llegó el momento de votar, una gran parte de la población reacciónó de forma conservadora. Muchos ciudadanos percibieron que las protestas habían generado una situación de inestabilidad que amenazaba el funcionamiento normal del país y temieron que pudiera producirse una ruptura revolucionaria. De Gaulle aprovechó este sentimiento de incertidumbre para presentarse como la única figura capaz de garantizar el orden y la estabilidad institucional. Al mismo tiempo, las fuerzas de izquierda no consiguieron transformar la movilización social en una alternativa política unitaria y creíble. Como consecuencia, amplios sectores de las clases medias, de la población rural y de los votantes moderados respaldaron a la derecha gaullista. De este modo, aunque el Mayo del 68 tuvo un enorme impacto cultural, social e ideológico, sus efectos electorales inmediatos fueron muy diferentes, ya que provocó una movilización de los sectores más conservadores de la sociedad que acabó beneficiando al gobierno de De Gaulle. 3. ¿Qué tienen en común la Primavera de Praga y la Unidad Popular chilena? La Primavera de Praga de 1968 y la experiencia de la Unidad Popular chilena encabezada por Salvador Allende entre 1970 y 1973 tienen en común que ambas intentaron desarrollar modelos políticos alternativos dentro del contexto de la Guerra Fría, alejándose de las fórmulas dominantes impuestas por los dos grandes bloques. En Checoslovaquia, Alexander Dubček impulsó un programa de reformas conocido como «socialismo con rostro humano», que pretendía mantener las bases socialistas del sistema pero incorporando mayores libertades políticas, libertad de expresión y una cierta democratización de la vida pública. Por su parte, en Chile, Salvador Allende intentó construir una transición pacífica y democrática hacia el socialismo mediante mecanismos constitucionales y elecciones libres, algo que representaba una experiencia inédita en América Latina. Ambos procesos compartían la voluntad de combinar igualdad social y participación democrática, superando tanto las limitaciones del capitalismo occidental como el autoritarismo existente en muchos países del bloque soviético. Sin embargo, también compartieron un destino similar, ya que chocaron con los intereses estratégicos de las grandes potencias. La Primavera de Praga fue reprimida militarmente por la Uníón Soviética y los países del Pacto de Varsovia, mientras que el proyecto chileno fue destruido por el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973, apoyado indirectamente por los intereses estadounidenses. En consecuencia, ambos casos demostraron las dificultades que existían para desarrollar proyectos políticos autónomos en un mundo dominado por la confrontación entre Estados Unidos y la Uníón Soviética, donde cualquier experiencia que escapara a la lógica bipolar era vista con desconfianza y terminaba siendo neutralizada.
4. Carácterísticas de la «cultura de la satisfacción» de Galbraith La «cultura de la satisfacción», concepto desarrollado por el economista John Kenneth Galbraith, describe la mentalidad que se extendíó en las sociedades occidentales más desarrolladas a partir de los años ochenta y que estuvo estrechamente vinculada al auge del neoliberalismo. Según Galbraith, una parte importante de la población había alcanzado niveles de bienestar relativamente elevados y, como consecuencia, comenzó a preocuparse principalmente por conservar sus privilegios antes que por resolver los problemas colectivos de la sociedad. Una de las carácterísticas fundamentales de esta cultura es la creencia de que la riqueza es una recompensa merecida al esfuerzo individual y que, por tanto, las desigualdades sociales son naturales o incluso justas. Otra carácterística es la visión a corto plazo, resumida en la idea del «carpe diem», donde las personas se centran en mantener su nivel de consumo presente sin prestar demasiada atención a los efectos futuros de determinadas decisiones económicas o políticas. También destaca una creciente desconfianza hacia el Estado, que deja de percibirse como una herramienta necesaria para garantizar la cohesión social y pasa a considerarse un obstáculo para la iniciativa individual y la libertad económica. Finalmente, esta cultura se caracteriza por el rechazo a las políticas redistributivas y a los impuestos progresivos, ya que los sectores satisfechos consideran que no deben asumir costes para mejorar la situación de otros grupos sociales. Para Galbraith, esta mentalidad favorecía el debilitamiento del Estado del bienestar y contribuía a aumentar las desigualdades dentro de las democracias occidentales.5. Cuatro carácterísticas sociales, económicas y políticas de la crisis de 2008-2011 La crisis económica iniciada en 2008 constituyó una de las transformaciones más importantes del sistema internacional desde el final de la Guerra Fría y tuvo profundas repercusiones económicas, sociales y políticas. Desde el punto de vista económico, la crisis estuvo marcada por el colapso del sistema financiero internacional, originado en gran medida por la explosión de la burbuja inmobiliaria y por la expansión de productos financieros de alto riesgo. Esta situación provocó una fuerte recesión económica, una reducción del crédito y una caída generalizada de la actividad productiva. Una segunda carácterística económica fue el incremento de la deuda pública y la aplicación de políticas de austeridad en numerosos países, especialmente en Europa, donde los gobiernos impulsaron recortes del gasto público y reformas destinadas a reducir el déficit. Desde una perspectiva social, la crisis provocó un aumento masivo del desempleo, especialmente entre los jóvenes, y una expansión de la precariedad laboral que afectó a millones de personas. Además, crecieron la desigualdad y la vulnerabilidad social, ya que muchas familias perdieron viviendas, ahorros y capacidad adquisitiva. Finalmente, desde el punto de vista político, la crisis generó una profunda desconfianza hacia las instituciones tradicionales y hacia las élites económicas y financieras, consideradas responsables de la situación. Esta pérdida de legitimidad favorecíó la aparición de nuevos movimientos sociales, el auge del populismo en diferentes países y el cuestionamiento del liderazgo occidental en la economía mundial. Al mismo tiempo, la crisis puso de manifiesto el ascenso de nuevas potencias emergentes como China, India o Brasil, que comenzaron a desempeñar un papel cada vez más importante en la gobernanza global. 6. Dos carácterísticas económicas y dos políticas del sistema actual de China La China contemporánea se ha convertido en una de las principales potencias mundiales gracias a un modelo que combina apertura económica y control político. Desde el punto de vista económico, la primera carácterística fundamental es el capitalismo de Estado, un sistema en el que los mecanismos de mercado y la iniciativa empresarial conviven con una fuerte intervención gubernamental. Aunque existe propiedad privada y una intensa actividad empresarial, el Estado conserva el control sobre sectores estratégicos como la energía, las finanzas, las telecomunicaciones o las infraestructuras. La segunda carácterística económica es la orientación exportadora y la creciente proyección internacional del país, visible en iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda, destinada a ampliar la influencia económica China mediante inversiones en infraestructuras y redes comerciales en Asía, África y Europa. Desde el punto de vista político, la primera carácterística es el monopolio del poder por parte del Partido Comunista Chino, que controla las principales instituciones del Estado y no permite una competencia política similar a la existente en las democracias liberales occidentales. La segunda carácterística es el elevado nivel de centralización y control social, reforzado especialmente durante el liderazgo de Xi Jinping. El desarrollo de tecnologías de vigilancia masiva, sistemas de reconocimiento facial y mecanismos de supervisión digital permite al Estado ejercer un control muy amplio sobre la sociedad. Como resultado, China ha construido un modelo singular en el que el dinamismo económico y la integración en la economía global conviven con un sistema político autoritario que mantiene una fuerte capacidad de dirección y control sobre la población.