Obras Maestras del Postimpresionismo: De Cézanne a Seurat
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Naturaleza Muerta (Cézanne)
Estamos ante una obra pictórica de Cézanne realizada a finales del siglo XIX con una función decorativa titulada Naturaleza muerta. Es una pintura clasificada como postimpresionista, movimiento artístico del que Cézanne es uno de sus máximos exponentes.
Se trata de un bodegón que presenta distintos objetos y frutas (uvas y manzanas) dispuestos sobre una mesa o arca, junto a una pared empapelada de flores.
Contexto histórico
El periodo se sitúa entre 1886, última exposición colectiva de los impresionistas, y 1907, año en que se expone Las señoritas de Avignon. En este momento, la corriente impresionista parecía agotada y comenzaron a emerger nuevas tendencias:
- Neoimpresionismo o Puntillismo: Representado por Seurat, con sus puntos de color puro que se mezclan en el ojo del espectador.
- Postimpresionismo: Grupo que incluye a Cézanne, Van Gogh, Gauguin y Toulouse-Lautrec.
Estos artistas solitarios, partiendo de las premisas del impresionismo, terminan por superarlo, constituyendo un puente entre la pintura del XIX y las vanguardias del XX. Cézanne, con la geometrización de las formas, influirá en el Cubismo; Gauguin, con su vuelta al primitivismo, será la base del Fauvismo; y las formas apasionadas de Van Gogh sustentarán el Expresionismo.
Análisis formal
La técnica empleada es óleo sobre lienzo. El uso del aceite como aglutinante permite al artista trabajar con mayor lentitud que con la témpera y aplicar veladuras, creando efectos de profundidad y mayor luminosidad.
El propósito de la obra es mostrar elementos desde distintos puntos de vista en una única escena: visión frontal (copa), lateral (frutero) y cenital (mesa). Cézanne busca lo permanente de la naturaleza, no lo fugaz. Su meticulosidad lo llevó a usar frutas de cera para evitar que se marchitaran. La obra destaca por sus volúmenes marcados, contornos delimitados por una sólida línea negra y una técnica de pincelada facetada o constructiva.
Los jugadores de cartas
Obra de Cézanne de finales del XIX. Es un cuadro de género donde la novedad reside en el tratamiento formal. Las figuras, en silencio y concentradas, se sitúan a los lados de una mesa. El interés se centra exclusivamente en los personajes y la partida, con una composición equilibrada pero asimétrica donde la mesa y la botella actúan como eje central.
La noche estrellada (Van Gogh)
Realizada en 1889, esta obra postimpresionista refleja la crisis personal del autor durante su estancia en un sanatorio. Las escenas nocturnas le permitían explorar una luz distinta a la diurna.
Análisis y simbolismo
La obra manifiesta la influencia del estado de ánimo del artista en la realidad. Todo parece moverse, reflejando la inquietud del autor. Los cipreses, con su significado fúnebre en la cultura mediterránea, ascienden como llamas. Destaca el contraste entre el azul del cielo y los ardientes amarillos de las estrellas, junto a una pincelada solta, pastosa y enérgica que anticipa el expresionismo.
Tarde de domingo en la Grande Jatte (Seurat)
Obra iniciada en 1884, encuadrada en el puntillismo o divisionismo. Representa una jornada de descanso en la isla de la Grande Jatte, en el Sena, reflejando el auge del ocio en la época.
Técnica y composición
Seurat se aleja del impresionismo fugaz buscando una construcción racional basada en estudios científicos sobre el color. Su técnica consiste en aplicar pequeños puntos de color uniforme que se mezclan en la retina del espectador. La composición, inspirada en los frisos griegos, contrasta las líneas verticales de los árboles con las horizontales de las sombras y los personajes. Como curiosidad, este método es el precursor tecnológico de los píxeles en las pantallas actuales.