Operaciones Militares y Evolución Política en la Guerra Civil Española (1937-1939)

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Operaciones Militares Clave (1937-1938)

La etapa de 1937 a 1938 en la Guerra Civil Española estuvo marcada por una serie de operaciones militares decisivas que definieron el curso del conflicto. Se inicia con la Batalla del Jarama, que supuso el fracaso de los rebeldes en su intento de aislar Madrid de su eje con Valencia, aunque lograron la ocupación de Málaga gracias a la intervención de batallones italianos.

En marzo de 1937, la Batalla de Guadalajara concluyó con una importante victoria republicana, frustrando un nuevo intento de romper el frente y alcanzar la capital. Tras este fracaso, los sublevados dirigieron su atención a la zona norte del país. Durante el verano del 37, cayeron Bilbao y Santander, y se produjo el trágico bombardeo de Guernica por parte de la aviación nazi, un evento que se convirtió en un símbolo de la brutalidad de la guerra.

Para aliviar la presión en el norte, las fuerzas republicanas lanzaron ofensivas en otros frentes. La Batalla de Brunete, cerca de Madrid, y la de Belchite, próxima a Zaragoza, fueron dos de estas operaciones. Sin embargo, estos esfuerzos no lograron impedir la caída de Santander y Asturias.

Una vez asegurado el frente norte, Franco, aprovechando su superioridad militar, lanzó una gran ofensiva en marzo de 1938 sobre el frente de Aragón. La República realizó un esfuerzo supremo para impedir el avance hacia Cataluña, culminando en la Batalla del Ebro. A pesar de la tenaz resistencia republicana, el éxito franquista en esta batalla decisiva abrió el camino para la posterior caída de Cataluña.

El Final de la Guerra

Madrid fue ocupada en marzo de 1939 tras la rendición del coronel Casado. Solo algunas zonas de Levante permanecieron bajo control republicano, convirtiéndose en puntos de partida para el exilio de un gran número de republicanos. Finalmente, el 1 de abril de 1939, Franco firmó el “último parte de guerra”, declarando la victoria con las palabras “la guerra ha terminado”. Sin embargo, como señaló el historiador Manuel Tuñón de Lara, “la paz aún tardará mucho en llegar”.

Evolución y Organización Política en las Dos Zonas

Zona Republicana

Como se ha mencionado, el golpe de Estado provocó inicialmente una situación de caos en el gobierno republicano. El presidente Santiago Casares Quiroga dimitió, siendo reemplazado por Martínez Barrio, quien a su vez fue sustituido el 19 de julio de 1936 por José Giral. El gobierno de Giral se vio desbordado por los acontecimientos y se vio obligado a entregar armas a las milicias radicales, que, sin control, cometieron atrocidades. El Estado se desintegraba mientras ciudades republicanas como Málaga quedaban al margen del gobierno.

En septiembre, el socialista Largo Caballero fue nombrado presidente, formando un gobierno de coalición que incluía ministros comunistas y anarquistas. Este gobierno aceleró las reformas, iniciando la nacionalización de las líneas férreas, eléctricas, CAMPSA y algunos bancos. Además, se expropiaron las tierras abandonadas por sus dueños y, en noviembre de 1936, se trasladó el gobierno a Valencia, donde se aprobó el Estatuto vasco.

Sin embargo, la situación se deterioró cuando los anarquistas de la CNT y la FAI intentaron llevar a cabo una revolución social, especialmente en Cataluña. En esta región, además, se produjeron enfrentamientos armados entre los comunistas del PCE (estalinistas) y los del POUM (trotskistas), lo que llevó a la dimisión de Largo Caballero. Estos conflictos internos debilitaron la cohesión del bando republicano, que contaba con tropas milicianas frente al bien organizado ejército golpista.

El nuevo presidente del gobierno, Juan Negrín, se mantuvo firme en su idea de resistir en Madrid y prolongar la guerra hasta que se produjera una previsible guerra mundial. Finalmente, elaboró los “Trece puntos de reconciliación nacional”, un intento de negociar una rendición sin derramamiento de sangre. Sin embargo, Franco rechazó cualquier solución acordada.