La Oposición Política Durante el Franquismo: Etapas y Protagonistas

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La Oposición Política al Franquismo

Primera Etapa (hasta principios de los 60)

Durante esta fase inicial del franquismo, la oposición se manifestó principalmente a través de tres frentes:

  • El movimiento obrero
  • Los grupos monárquicos
  • El maquis o guerrilla

La actividad clandestina de pequeños grupos del PCE, del PSOE y de la CNT nunca se interrumpió e incluso incrementó sus actuaciones tras el final de la II Guerra Mundial, con huelgas destacadas en Cataluña (1945) y el País Vasco (1947).

Los grupos monárquicos practicaron una oposición basada en la conspiración. El momento más difícil para el dictador se produjo en 1943, cuando los tenientes generales dirigieron una carta colectiva a Franco pidiendo la restauración de la monarquía. Dos años más tarde, el conde de Barcelona, Juan de Borbón (hijo de Alfonso XIII), hizo público en Lausana (Suiza) un manifiesto solicitando a Franco que se retirara para restaurar la monarquía en su persona.

El maquis o guerrilla se constituyó a partir de dos grupos diferentes. El primero se formó con núcleos clandestinos que subsistían diseminados por zonas de montaña desde el final de la Guerra Civil, con el objetivo de continuar la guerra. El segundo grupo lo constituían unidades que habían luchado victoriosamente contra los alemanes en la II Guerra Mundial e intentaban trasplantar esa experiencia a España. Entre 1944 y 1950 intervinieron en varias zonas; su acción más espectacular fue la ocupación del valle de Arán (Pirineos), que fracasó. El aislamiento de los grupos guerrilleros, la dura represión y el recuerdo reciente de la guerra entre la población civil explican su fracaso.

En la década de 1950, la oposición interior renunció mayoritariamente a la práctica violenta y experimentó una renovación generacional. Las acciones más frecuentes pasaron a ser las convocatorias de huelga.

Segunda Etapa (hasta 1975)

Durante la década de 1960 y la primera mitad de la de 1970, la oposición se fue fortaleciendo paulatinamente y las críticas al régimen se extendieron a amplios sectores de la sociedad. La conspiración monárquica, impulsada por personas vinculadas a Juan de Borbón, continuó.

La actuación del movimiento obrero se hizo mucho más rotunda, con huelgas, reuniones, asambleas y manifestaciones. Esta actividad coincidió con una creciente agitación en el ámbito universitario. Las protestas de los trabajadores y de los estudiantes mezclaban reivindicaciones económicas y laborales con demandas netamente políticas, como el rechazo del sindicalismo oficial, la exigencia de libertad sindical y la petición de derechos políticos.

Esta segunda fase se halla también marcada por las acciones terroristas del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista Patriótico) y de ETA.

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