Las Órdenes Mendicantes: Origen, Expansión y Rol en la Iglesia Medieval
Las Órdenes Mendicantes: Respuesta a la Crisis Religiosa
Las manifestaciones heréticas constituyeron un toque de atención para la Iglesia. En el fondo, venían a poner en duda la capacidad de la jerarquía para hacer frente a las inquietudes religiosas de una sociedad a la que los procesos de comercialización y urbanización estaban planteando retos morales y sociales desconocidos. La respuesta de la Iglesia tuvo un nombre: el papa Inocencio III. Durante su pontificado se pusieron en marcha tres instrumentos fundamentales:
- Las órdenes mendicantes.
- La Inquisición.
- La doctrina definida por el IV Concilio de Letrán.
Definición y Propósito
En un sentido amplio, las órdenes mendicantes fueron instituciones autorizadas y encarriladas por el papa para encuadrar los movimientos de renovación que la sociedad demandaba. Ese fue el denominador común de los dominicos, franciscanos, carmelitas y agustinos.
En un sentido más restringido, fueron instrumentos de la acción de la Iglesia en una sociedad con nuevas necesidades: de formación intelectual, de predicación a una sociedad urbana, de misión entre pueblos infieles e, incluso, de rescate de cautivos. En definitiva, una sociedad que reclamaba una acción intelectualmente más sólida y físicamente más móvil que la que las órdenes monásticas podían proporcionar. En este segundo sentido, la tarea fue fundamentalmente de dominicos y franciscanos.
Los Dominicos: Predicación y Saber
La orden fue una creación de Domingo de Caleruega, miembro de una familia castellana de comerciantes quien, en 1203, al comprobar in situ la difusión de la herejía cátara por el Languedoc, tomó la decisión de hacerle frente con la predicación.
Para ello, creó una organización que, sobre la base de las normas de vida canonical, se convirtió en una nueva orden religiosa, capaz de actuar con éxito en el Mediodía de Francia. A la muerte de Domingo en 1221, la orden estaba ya asentada. Sus constituciones mostraban su estructura y objetivos:
- Pobreza y estudio: Eran los signos de identidad que, bajo la inspiración de la regla de San Agustín, conservaban gran parte del esquema de centralización monástica.
- Excelencia académica: Antes de 1230, algunos dominicos alcanzaron las primeras cátedras de la Universidad de París, síntoma de su voluntad de conocimiento al servicio de la teología.