Origen y Expansión de los Reinos Cristianos en la Península Ibérica
Los Primeros Núcleos de Resistencia Cristiana
En el norte peninsular aparecieron núcleos cristianos independientes que constituyeron grandes reinos. Toda esta zona estaba poco romanizada y cristianizada, y sus habitantes habían luchado contra otras formas de organización.
El Origen del Reino de Asturias
El primer reino que surgió en la Cordillera Cantábrica fue el de Asturias. Entre los años 718 y 722, un jefe local llamado Pelayo promovió una revuelta en la que derrotó a los musulmanes.
El reino astur estableció su corte en Cangas de Onís y pronto amplió su radio de acción. Durante el reinado de Alfonso II, la corte se trasladó a Oviedo. Este monarca consolidó el nuevo reino restableciendo la legislación visigoda y organizando la Iglesia católica local.
Los Estados Pirenaicos
En la frontera entre al-Ándalus y el reino de los francos surgieron diversos estados pirenaicos. En el Pirineo occidental, apareció el Reino de Pamplona, que alcanzó su independencia con Sancho Garcés I.
En los altos valles del Pirineo central se formaron los Condados de Aragón.
Por último, en el Pirineo oriental se constituyeron varios condados; el de Barcelona se impuso como hegemónico desde el año 875.
El Avance y Consolidación de los Reinos Cristianos
Los núcleos cristianos fueron ganando terreno a al-Ándalus a lo largo de un proceso discontinuo que se aceleró por la caída del Califato y la desaparición del poder almorávide y almohade.
Inferioridad Inicial de los Reinos Cristianos
Los reinos cristianos de la península nacieron y se consolidaron entre el siglo VIII y mediados del XI. A lo largo de este periodo se manifestó la hegemonía de al-Ándalus: todos los reinos cristianos sufrieron las aceifas y fueron obligados a declararse vasallos.
- En Asturias, el reino se extendió hasta el valle del Duero; la capital se trasladó a León.
- Navarra se extendió hasta el Ebro, se anexionó los condados del Pirineo central y el condado de Castilla. A la muerte de Sancho Garcés III emergieron dos nuevos reinos: Castilla y Aragón.
Avances sobre el Valle del Tajo
En una segunda etapa se produjeron varias circunstancias que permitieron la expansión cristiana: los reinos de taifas pagaron abundantes parias y experimentaron un importante crecimiento demográfico y económico. Los avances más importantes los protagonizó un nuevo reino surgido de la unión de Castilla y León. Su rey, Alfonso VI, conquistó Toledo y controló el valle del Tajo. En esta época se consolidó también el dominio castellano de La Rioja y los territorios vascos, y en la zona occidental de Castilla y León, el condado de Portugal se independizó y se constituyó en reino.
Avances sobre el Valle del Ebro
Aragón conquistó Zaragoza y controló el valle del Ebro. El reino de Navarra se separó y quedó limitado a un pequeño territorio. Entretanto, Aragón encontró un nuevo aliado en el condado de Barcelona y, con un matrimonio, se unieron en un reino que pasó a llamarse la Corona de Aragón.
La Hegemonía Cristiana: Del Guadalquivir al Mediterráneo
A partir de la derrota musulmana de Navas de Tolosa, la superioridad cristiana fue nítida. Los reinos de Castilla y León se unieron definitivamente con Fernando III y ocuparon los valles del Guadiana y del Guadalquivir, conquistando Jaén y Sevilla. Su hijo Alfonso X ocupó Cádiz, Huelva y Jerez.
La expansión de la Corona de Aragón en esta época se debió a Jaime I, quien se adueñó de las islas Baleares y Valencia.