El Origen del Movimiento Obrero: Condiciones Laborales, Socialismo, Anarquismo y la Primera Internacional
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Las Penosas Condiciones Laborales y la Vida Obrera en el Siglo XIX
Las condiciones laborales de los obreros industriales eran penosas. El trabajo duraba entre 14 y 16 horas diarias; se realizaba en fábricas insalubres debido al ruido y la contaminación; al ritmo impuesto por las máquinas, bajo una estricta disciplina y sin seguridad ante enfermedades, accidentes, despidos o la jubilación. Además, los salarios eran muy bajos, especialmente los de mujeres y niños, quienes trabajaban desde muy pequeños.
La vida de los obreros era mísera. Se instalaron en barrios adyacentes a las fábricas, los cuales carecían de las mínimas condiciones higiénicas y sanitarias, y no estaban preparados para acoger un volumen tan alto de personas. Así, los barrios proletarios se convirtieron en focos de enfermedades y epidemias, y los obreros sufrieron un fuerte deterioro físico y psíquico, siendo frecuentes entre ellos el alcoholismo, la prostitución y el deterioro de la vida familiar.
El Movimiento Obrero, el Socialismo y la Primera Internacional
El Movimiento Obrero: Orígenes y Evolución
Se entiende por movimiento obrero el conjunto de acciones colectivas llevadas a cabo por los trabajadores para mejorar su situación económica y política, y también las organizaciones que las promovieron. Estas actuaciones adoptaron diversas modalidades:
- En sus inicios, el movimiento obrero promovió actos violentos contra los patronos y la destrucción de máquinas (ludismo), a las que culpaban de la pérdida de su trabajo y de los bajos salarios.
- De forma paralela, los obreros fundaron sociedades de socorros mutuos, cuyos miembros pagaban una cuota a cambio de recibir ayuda en caso de accidente o despido.
- Posteriormente, se crearon sindicatos o asociaciones obreras. Sus objetivos fueron:
- La mejora de las condiciones laborales.
- Reivindicaciones políticas, como el sufragio universal y el derecho de asociación.
- La organización de medidas de fuerza a emplear, tales como la negociación, las manifestaciones y la huelga.
Las primeras asociaciones obreras surgieron en Gran Bretaña, donde recibieron el nombre de Trade Unions. Sin embargo, el fracaso de sus reivindicaciones frenó sus acciones hasta la década de 1860.
El Socialismo y el Anarquismo: Ideologías Transformadoras
La crítica al capitalismo, al que se culpaba de la miseria obrera, originó dos ideologías que propusieron sustituirlo por una sociedad más justa: el socialismo (o marxismo) y el anarquismo.
El Socialismo (Marxismo)
El socialismo fue formulado por Marx y Engels. Su objetivo era acabar con la propiedad privada, causante de la división social entre la burguesía propietaria y el proletariado, que, al carecer de propiedades, debía sobrevivir vendiendo su trabajo a cambio de míseros salarios. Para conseguir su objetivo, era necesaria una revolución protagonizada por el proletariado, bajo la dirección del partido socialista, que le permitiera acceder al poder. Una vez en el poder, el proletariado implantaría transitoriamente una dictadura, hasta sustituir la propiedad privada por la propiedad colectiva y conseguir una sociedad sin clases.
El Anarquismo
El anarquismo fue formulado, entre otros, por Proudhon y Bakunin. Su objetivo era lograr la máxima libertad individual, luchando contra todo lo que la limitase: el Estado, la propiedad privada y las creencias religiosas. Para conseguirlo, Bakunin proponía una revolución protagonizada por todos los sectores sociales oprimidos (campesinos, proletarios, estudiantes, jóvenes), que debía surgir de forma espontánea. Tras su triunfo, se aboliría de forma inmediata el Estado y se sustituiría por comunidades igualitarias de producción y consumo.
La Primera Internacional (AIT): Un Intento de Unidad Obrera
En 1864, se fundó en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional. En ella, se integraron sindicatos de diversos países junto con socialistas y anarquistas para luchar a nivel internacional contra el capitalismo. Sin embargo, fracasó debido a disputas internas.
Los marxistas eran partidarios de que los obreros pudieran formar partidos políticos, presentarse a las elecciones y mejorar su situación desde el poder. Los anarquistas, en cambio, eran partidarios de un sindicalismo revolucionario que promoviera la huelga general para favorecer la revolución. Las disputas terminaron con la expulsión de los anarquistas en 1872 y con su disolución en 1876.