Origenes de Portugal

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Los orígenes de Portugal:

Alfonso VI concedió el Territorium Portucalense a su hija Teresa y a su mando Enrique de Borgoña quienes, tras el caótico reinado de Urraca, afianzarán su dominio sobre el territorio e iniciarán el camino hacia la independencia que culminará su hijo Alfonso Enríquez quien, en 1127, había empezado a titularse príncipe o infante y en 1139 tomó el título de rey, que Alfonso VII reconocería en 1143.

Alfonso I de Portugal (1139-1185), para contrarrestar el peso castellano-leonés optó por infeudar su reino a la Santa Sede, comprometiéndose a pagar un tributo anual a Roma, consiguiendo que el Papa Alejandro III le reconocería (1179) el título real, a la vez que vinculaba los obispados portugueses de Braga, Oporto y Coimbra en una sola provincia bajo la presidencia de la primera, con objeto de afirmar su calidad de metropolitana frente a Toledo y Santiago. Alfonso I desplegó gran actividad en la reconquista del occidente peninsular y ocupó Santarem y Lisboa (1147), afianzando la frontera meridional en el Valle del Tajo, ocupando tras la ofensiva de los Almorávides Beja y Evora.

A su muerte le sucedió su hijo Sancho I (1185-1211) quien trató de sacudirse la tutela del papado y se negó a pagar el censo anual, lo que provocó las iras de Inocencio III quien exigió el pago de los censos debidos desde 1179 y amenazó con estimular la alianza de castellanos y leoneses contra Portugal. En la lucha contra los musulmanes incorporaría el Algarve a su reino (1189) culminando de este modo la expansión hacia el sur apoyado por un ejército cruzado procedente de Frisia y Dinamarca, con todo, le tocó vivir los años difíciles en los que los Almohades presionaron sobre la frontera portuguesa haciéndola retroceder a la línea del Tajo, además de numerosos períodos de hambruna entre la población y numerosos conflictos civiles. Sin embargo es importante su labor repobladora, pues reedificó viejas ciudades y castillos, así como cimentó algunas poblaciones nuevas.



Los reyes privativos de León:  

En León, reino separado de Castilla por el testamento de Alfonso VII, reinaron dos monarcas entre 1157 y 1320, Fernando II (1157-1188) y Alfonso IX (1188-1230). Ambos reyes prosiguieron la reconquista con gran esfuerzo y Fernando II conquistó Yelves y Alcántara (1166) junto al Tajo, pero luego se enfrentó con Alfonso VIII de Castilla hasta la firma de la paz (1183), en la que se determinaban las fronteras de ambos reinos y una futura colaboración. En 1188 le sucedió su hijo Alfonso IX, cuyo recelo contra Castilla fue permanente, prosiguió la lucha contra los Almohades conquistando Cáceres, Mérida, Badajoz y Elvas, quedando con estas anexiones toda la Extremadura incorporada al reino de León, casado con la castellana Berenguela, tras la disolución de este matrimonio proclamará herederos de su reino a las hijas del primer matrimonio del rey con Teresa de Portugal, hija de Sancho I, Sancha y Dulce, y no a su hijo Fernando, habido con Berenguela, lo cual generará problemas con éste más adelante. Creó gran cantidad de bibliotecas y centro de estudio, sobre todo en Salamanca, además de reforzar varias ciudades como Badajoz. Sin embargo la figura de este rey está muy ensombrecida por su gran antipatía hacia Castilla, siendo su único mérito, para algunas personas, el ser padre del futuro Fernando III

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