Los Pazos de Ulloa: Análisis de la Madre Naturaleza y el Naturalismo Católico

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Continuación: La Madre Naturaleza

En 1887, un año después de Los Pazos de Ulloa, la escritora publica la continuación: La Madre Naturaleza, en la que aborda un tema aún más escandaloso: los incestuosos amores entre Perucho y Manuela, que simbólicamente representan a Adán y Eva en el paraíso y sirven a la autora para ejemplificar su concepción de la naturaleza humana, corrompida por el pecado original. Ambas novelas pueden leerse de manera independiente, pero son evidentes sus importantes vínculos.

En la segunda encontramos a la mayoría de los personajes de la primera. Sabel se ha casado y el matrimonio vive en los pazos. Julián, que en esta novela tiene un papel secundario, es el párroco de Ulloa. El marqués, muy envejecido, sigue su vida mostrando la misma indiferencia hacia Manuela y una clara predilección por Perucho, a quien paga los estudios de bachillerato. Esta positiva transformación de Perucho resulta muy significativa de la oposición de la autora a todo determinismo que elimine la libertad moral de la persona. El niño salvaje que encontró Julián al llegar a los pazos ha sido capaz de evitar su destino probable, el de aldeano embrutecido, y se labra un futuro propio a través de los estudios.

En La Madre Naturaleza se repite el mismo planteamiento de Los Pazos de Ulloa: un personaje urbano va a los pazos y se enfrenta con los personajes embrutecidos. Esta vez el forastero es Gabriel Pardo, oficial de artillería, el amado hermano de Nucha. Va a los pazos para casarse con su sobrina, Manuela, con objeto de salvarla del ambiente en que vive, pero la falta de educación en que se ha criado la chica ha propiciado sus amores con Perucho, sin que ninguno de los jóvenes sepa que son hermanastros. Y, como en Los Pazos de Ulloa, la naturaleza, el medio ambiente, acabará imponiéndose de manera fatal.

Conclusión: Los Pazos de Ulloa, ejemplo del naturalismo católico

La ideología y las ideas estéticas de Pardo Bazán son un intento de conciliar tendencias opuestas: el naturalismo y el catolicismo. Esta conciliación era relativamente fácil en el terreno de la teoría literaria, expuesta sobre todo en La Cuestión Palpitante. Pero resultaba mucho más difícil llevarla a la práctica en una novela.

Los especialistas han discutido mucho hasta qué punto Los Pazos de Ulloa es una novela naturalista. El propio Zola consideraba que Pardo Bazán practicaba un naturalismo meramente formal: podemos considerarla naturalista en la medida en que defiende una clara influencia, casi determinista, del medio ambiente sobre las personas. Antes de escribirla, en La Cuestión Palpitante, la autora ya había admitido que aceptaba algunas formulaciones de Zola.

Al final, la teoría naturalista y la concepción cristiana de la vida acaban concluyendo en una visión pesimista del ser humano. Pero, a diferencia de Zola, para Pardo Bazán, la única salida, el único consuelo, es la gracia divina. Por eso la religión cada vez irá ganando más protagonismo en sus novelas posteriores.