Pensamiento y Razonamiento: Fundamentos Filosóficos de la Inteligencia Humana

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Somos seres inteligentes. La inteligencia es nuestro gran recurso. Nuestra inteligencia no se limita como la de los animales a percibir y ver lo que nos rodea, sino que nos permite darnos cuenta de la realidad para poder hacernos cargo de ella, comprenderla e interpretarla para poder enfrentarnos con los problemas que se plantean, inventando cosas nuevas, tomar las decisiones adecuadas para poder ponerlas en práctica y actuar en consecuencia. A todas estas operaciones que realizamos mentalmente en virtud de nuestra inteligencia lo llamamos pensar.

Así pues, pensar es operar mentalmente con informaciones para conseguir una meta, de acuerdo con reglas, método y criterios adecuados.

  • La información son los datos o conocimientos que debemos manejar.
  • Las operaciones son las actividades mentales que realizamos con la información: analizar, comparar, relacionar, imaginar.
  • Las reglas son las pautas o normas que deben llevarse a cabo para realizar un razonamiento correcto (cada razonamiento exige la aplicación de sus propias reglas).
  • El método es el procedimiento o conjunto de reglas necesario para alcanzar un conocimiento o realizar un proyecto.
  • El criterio es lo que permite evaluar la verdad o corrección de algo, y por tanto, conocer si el camino seguido, el método, es adecuado.
  • La meta es el objetivo que se quiere alcanzar, y requiere de la adecuada realización de todos los elementos anteriores.

El pensamiento es la herramienta que tenemos para resolver el problema de alcanzar una meta.

Nacemos con la capacidad de pensar. Esto nos permite poder entender la realidad y llegar a comprender la verdad de las cosas. Esta operación se puede realizar de muchas maneras, pero una de las más eficaces y efectivas es mediante el lenguaje: pensamos con palabras, discurriendo, elaborando discursos. Como nos dice Vygotsky: «El pensamiento no se expresa simplemente mediante las palabras; cobra existencia gracias a ellas».

Pensar no es estar dando vueltas a una cosa, ni repetir de memoria lo que hemos aprendido. Es una actividad productiva y creadora que nos permite conseguir nuestros objetivos. Hay pensamientos teóricos, que se proponen conocer las cosas, y pensamientos prácticos, que se dirigen a actuar sobre las cosas.

Funciones del pensamiento

Existe una serie de funciones de todo pensamiento, que pueden ser:

  • Poder exponer nuestras ideas o sentimientos: función expresiva.
  • Poder contar cómo son las cosas o los sucesos: función descriptiva.
  • Poder indicar las causas de un determinado suceso o los fines que se pretenden alcanzar, facilitando así su comprensión: función explicativa.
  • Poder dar pruebas, razones o argumentos por los que se dice o se hace algo: función justificativa.

Así, pensar racionalmente implica poder justificar, argumentar, explicar y probar lo que se está diciendo o haciendo, para que pueda ser comprendido, comprobado y aceptado por otras personas.

Problemas y preguntas

Los enigmas que se plantean vienen dados en forma de problemas. Un problema es un obstáculo que se opone a nuestros proyectos e intereses, y la manera de plantearlos y concretarlos es mediante preguntas, en actitud interrogativa.

Para orientar nuestra búsqueda de información nos hacemos preguntas acerca de la realidad y de nosotros mismos. Podemos caracterizar al ser humano como el ser que se hace continuamente preguntas acerca de la totalidad de lo que hay, de la realidad entera, incluida la del propio ser humano, y de sus metas: alcanzar el conocimiento y la felicidad, la verdad y el bien. Y precisamente eso significa etimológicamente la palabra «filosofía», que proviene del griego filia («amor»), dsō y sofía («conocimiento», «sabiduría»).

En este sentido, quien es filósofo quiere conocer y saber, se hace preguntas, cuestiona la realidad entera. No solo quiere llegar a conocer la verdad de las cosas —aspiración que también tienen todas las ciencias—, sino que va más allá y se pregunta: ¿Cómo puedo distinguir lo verdadero de lo falso? Trata, en definitiva, de buscar el fundamento, las razones, el porqué, y las causas últimas de esa realidad.

El lenguaje filosófico

El filósofo construye su realidad a través de textos que manifiestan ideas, sentimientos y pensamientos complejos que requieren de un léxico y una terminología específicos. Para aquel que trata de comprender y descifrar el contenido de su pensamiento, sentimiento o idea, debe ir adquiriendo paulatinamente dicho lenguaje. Como tal, la dificultad, el obstáculo —lo que etimológicamente significa problema— no radica solo en comprender el significado de lo dicho en un texto, discurso o argumento, sino también en saber interpretar lo que se dice, es decir, lo que se quiere decir con lo que se dice. Leer no es recibir información, sino construirla.

Por ello, en el pensamiento poético se recurre al lenguaje metafórico, un lenguaje simbólico en el que algo está en representación de otra cosa, y en el que lo que se dice explícitamente sirve para explicar otra cosa. Para comprenderlo, hay que tener la capacidad de imaginar algún parecido o similitud entre lo que se está diciendo y lo que realmente se quiere expresar y transmitir, estableciendo así una identificación entre ambos términos, de tal manera que uno de ellos, el término imaginario (lo que se dice), sustituya al término real (lo que se quiere decir realmente).

La actitud filosófica: el sapere aude

La verdadera actitud filosófica se encuentra en el «Sapere aude» kantiano («atrévete a pensar»), que invita a utilizar la propia capacidad del pensamiento para salir de la «minoría de edad». En el mundo del conocimiento, la minoría de edad es la ignorancia. Solo el uso de la propia razón puede conducir a la libertad, a la independencia del pensamiento, a tratar de establecer aquello que tiene sentido.

Racionalidad y pensamiento

Racionalidad y pensamiento están indisolublemente ligados. Para comprender el mundo y la realidad necesitamos del pensamiento. Si no hubiera pensamiento, la borrosidad del mundo se nos haría insoportable: no podríamos nunca ni hacerle frente ni despejarla. No podríamos reaccionar ante los fallos de nuestro saber cotidiano, no podríamos rectificar errores ni corregir acciones o tipos de acciones que llevan a fracasos o a situaciones sin salida. Si no hubiera pensamiento y racionalidad en nuestras acciones cotidianas —si no hubiera actividad racional en todo actuar—, no podríamos ni siquiera entenderlas.

Esto nos exige a la vez muchas operaciones que realizamos casi simultáneamente:

  • Nos hace falta percibir lo más relevante del problema.
  • Nos hace falta el a veces doloroso coraje de no engañarnos sobre cuáles fueron nuestros motivos.
  • Nos hace falta la capacidad de reconocer los errores de nuestros impulsos y deseos o de nuestras creencias.
  • Nos hace falta razonar sobre las causas de lo que pasó y sus efectos.
  • Nos hace falta ser coherentes con otros asuntos y éxitos que damos por sentados en nuestra vida o con creencias de las que no podemos en ese momento dudar.
  • Nos hace falta también someter a crítica, poner bajo sospecha, dudar de todo aquello que no encontramos suficientemente fundamentado y de lo cual no podamos dar razón.
  • Por último, nos hace falta reconsiderar y recapacitar sobre todo lo que experimentamos y conocemos, y lo vamos a hacer a partir de la reflexión, es decir, la actividad de la conciencia que es capaz de volver sobre sus propios contenidos.

Tipos de pensamiento

Todas estas operaciones nos llevan a tener que considerar distintos tipos de pensamiento. Todos, de algún modo, están interrelacionados y se utilizan, aunque no todos en la misma medida. Aunque existen muchos más, vamos a considerar básicamente siete:

  • Pensamiento causal: la capacidad de determinar el origen o causa de un problema.
  • Pensamiento alternativo o creativo: la capacidad de imaginar distintas soluciones a un problema determinado.
  • Pensamiento consecuencial: la capacidad de ver las consecuencias que pueden producir ciertas actitudes y comportamientos.
  • Pensamiento de perspectiva o empático: la capacidad que nos sitúa en la piel del otro. Es el pensamiento que hace entender otros puntos de vista.
  • Pensamiento de medios-fines: la capacidad de fijarnos objetivos y de organizar los medios de que disponemos para conseguirlos.
  • Pensamiento crítico: la capacidad de dudar y poner bajo sospecha un problema determinado, fundamentándolo y dando razón de su existencia.
  • Pensamiento lógico: la capacidad de llegar a una conclusión deducida a partir de una serie de premisas.
  • Pensamiento simbólico o metafórico: la capacidad de expresar o describir un problema mediante una imagen que guarda una similitud o afinidad que es preciso descubrir, llamada término imaginario, con lo que se quiere decir, llamado término real, produciendo así un proceso de identificación entre ambos términos.

Ab.

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