Percepción y Atención: Cómo el Cerebro Filtra la Realidad
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Percepción y atención
De todos los estímulos que nos rodean, somos conscientes de un número muy limitado. La percepción es selectiva y se encarga de procesar únicamente aquellos estímulos a los que prestamos atención.
El debate sobre el procesamiento de la atención
Con respecto a la atención, ha existido una larga polémica entre los defensores del procesamiento serial y el procesamiento en paralelo. Aunque algunos defienden la capacidad humana de atender simultáneamente a dos tareas distintas, se ha demostrado que esto ocurre únicamente cuando no existen interferencias entre ambas. La atención puede clasificarse en:
- Voluntaria: Dirigida por objetivos internos.
- Involuntaria: Provocada por estímulos externos.
Determinantes externos
Son factores ambientales que captan nuestra atención de forma automática:
- Modificación de los estímulos: Cualquier cambio, como un aumento de ruido o un cambio de iluminación, atrae nuestra atención.
- Movimiento: Un objeto en movimiento cercano a nosotros capta nuestra atención de inmediato.
- Tamaño: Los objetos grandes tienen mayor probabilidad de ser percibidos que los pequeños.
- Contraste: Atendemos antes a los contrastes que a las situaciones homogéneas.
- Repetición: Un estímulo que se repite llama nuestra atención; sin embargo, la repetición monótona y continuada provoca la habituación del sujeto y el decaimiento de la atención.
Determinantes internos
Factores propios del individuo que condicionan qué estímulos priorizamos:
- Necesidades: Enfocamos la atención sobre objetos o acontecimientos que pueden satisfacer nuestras carencias. Por ejemplo, una persona hambrienta percibirá más restaurantes en una calle que alguien que acaba de comer.
- Expectativas: Atendemos a aspectos del mundo relacionados con nuestros intereses. La percepción de un paisaje natural será radicalmente distinta para un artista que para un botánico, ya que cada uno se centrará en aspectos diferentes.
Otros condicionantes de la percepción
Existen otros factores, como las actitudes y la personalidad del individuo, que influyen en cómo interpretamos la realidad. Existe una relación directa entre las actitudes sociales y la percepción de estímulos ambiguos. Por ejemplo, las personas con personalidades rígidas e inflexibles tienden a ver el mundo en términos absolutos (blanco o negro), una actitud que condiciona sus respuestas perceptivas tanto en el ámbito social como en el físico.