Peronismo y la Segunda Guerra Mundial: Claves para Comprender el Siglo XX
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El Peronismo y la Búsqueda de la Independencia Nacional
Juan Domingo Perón aspiraba a construir un país industrializado, impulsando la industria liviana y mediana para el consumo interno, y la industria pesada orientada a la exportación. Estos ambiciosos proyectos se articularon a través de los Planes Quinquenales, denominados así porque cada uno tenía una duración de cinco años. Para la implementación completa de estos planes, Perón proyectaba la necesidad de tres presidencias.
Su visión era posicionar a Argentina como una tercera potencia mundial, especialmente en el contexto de la Guerra Fría, donde las superpotencias dominantes eran Estados Unidos y la Unión Soviética. Una característica fundamental del pensamiento peronista fue su constante búsqueda de la independencia nacional, evitando la dependencia de Estados Unidos. Esta postura se refleja en la icónica frase de la marcha peronista: «combatir el capital».
Durante su gestión, Perón logró consolidar YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), una empresa clave para la soberanía energética del país.
El Exilio y el Regreso de Perón
Perón se exilió en 1955. Los gobiernos posteriores intentaron llevar a cabo una política de «desperonización» de la población, dado el fuerte arraigo y el deseo generalizado de su regreso. Durante su exilio, Perón residió un tiempo en España, donde tuvo la oportunidad de observar y aprender del dictador Francisco Franco, y donde conoció a Isabelita (María Estela Martínez de Perón).
Posteriormente, Arturo Frondizi, quien ocupó la presidencia, firmó tratados con petroleras estadounidenses, lo que llevó a que YPF perdiera parte de su influencia y poder. Perón había prometido regresar en un plazo de cuatro años, pero su exilio se extendió por casi veinte años. Cuando finalmente regresó a Argentina en 1973, su capacidad de acción fue limitada debido a una enfermedad que le causó la muerte en 1974.
La Segunda Guerra Mundial: Orígenes, Desarrollo y Consecuencias Globales
Ascenso de Hitler y el Inicio del Conflicto
Adolf Hitler, de orígenes humildes, sin estudios formales y sin una familia estable, desarrolló desde joven un profundo odio hacia los judíos. Decidió ingresar en la carrera militar, ascendiendo hasta convertirse en líder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), más conocido como los nazis. Hitler estaba profundamente indignado por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y consideraba absurdo haber aceptado el Tratado de Versalles.
Pronosticó que a fines de la década de 1920 habría una gran crisis que afectaría a toda Europa. Aunque inicialmente nadie le prestó atención, la Gran Depresión de 1929-1930 confirmó sus predicciones, lo que provocó que la gente comenzara a verlo como alguien con visión y capacidad para liderar. Al llegar al poder por voto popular, reformó la Constitución para permanecer como Führer y Canciller del Reich de Alemania.
Tras asumir el poder y llevar a cabo varios ataques contra judíos en Alemania, Hitler decidió atacar Polonia. Polonia era aliada de Francia e Inglaterra desde la Primera Guerra Mundial, por lo que a estas naciones no les quedó más remedio que declarar la guerra a Alemania, marcando el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Estrategias Militares y la Expansión del Eje
Alemania empleó una estrategia militar muy efectiva, conocida como Blitzkrieg (guerra relámpago), que consistía en bombardear intensamente e invadir rápidamente. Hitler se ganó el apoyo de Benito Mussolini, líder de Italia. Alemanes e italianos se aliaron también con Japón, formando las Potencias del Eje.
Por razones estratégicas, Japón bombardeó Pearl Harbor, una base naval de Estados Unidos, lo que obligó a EE. UU. a entrar en la guerra, aliándose con Francia, Polonia e Inglaterra. Los alemanes, con su eficaz estrategia, conquistaron Francia con facilidad. La conquista de Inglaterra fue más difícil, ya que los ingleses contaban con la tecnología de los radares, lo que les permitía anticipar los movimientos de los aviones enemigos y les daba una ventaja defensiva.
El Frente Oriental y el Fin de la Guerra
Posteriormente, Hitler decidió abandonar el ataque a Inglaterra y concentrarse en su objetivo principal: destruir la Unión Soviética, cuyo centro era Rusia. Hitler representaba la extrema derecha, mientras que la Unión Soviética se identificaba con la extrema izquierda. Aunque las tropas alemanas eran inicialmente superiores a las rusas, el comandante de las tropas soviéticas implementó una estrategia de resistencia y desgaste, aprovechando la vastedad del territorio y las duras condiciones climáticas. Hitler envió a sus tropas a atacarlos, pero ante el frío extremo de 50 grados bajo cero que caracterizó el invierno ruso, las fuerzas alemanas sufrieron enormes pérdidas y fueron derrotadas.
Finalmente, las tropas rusas avanzaron y atacaron Berlín. Cuando estaban a punto de conquistar la ciudad, Hitler, refugiado en su búnker, se suicidó ingiriendo veneno y disparándose, tras matar a su perro. Su nueva esposa, Eva Braun, también se suicidó.
A pesar del fin de la guerra en Europa, Japón y EE. UU. seguían en conflicto. Para poner fin a la guerra en el Pacífico, Estados Unidos lanzó dos bombas nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, lo que obligó a Japón a rendirse incondicionalmente.
El Nuevo Orden Mundial Post-Guerra
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética consolidó su influencia sobre la mitad de Europa, y la ideología comunista se expandió por numerosos lugares, otorgándole una importancia geopolítica sin precedentes. Tras el uso de las bombas nucleares, Estados Unidos se consolidó como una potencia mundial dominante. Así, el mundo quedó dividido entre las dos nuevas superpotencias globales: Estados Unidos y la Unión Soviética, marcando el inicio de la Guerra Fría.