Personajes de La Casa de Bernarda Alba: Profundidad y Simbolismo

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A continuación, se presenta una descripción detallada de los personajes principales y secundarios de la obra La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, destacando sus características, motivaciones y el simbolismo que encarnan dentro del drama.

Personajes Principales

Martirio

Martirio, de 24 años, es un personaje de gran complejidad. Es de destacar el simbolismo físico y espiritual de su nombre. Pudo haberse casado con Enrique Humanes si su madre no se hubiera interpuesto, de ahí su profundo resentimiento. Es enfermiza, deforme, depresiva y pesimista. Llega a decir: «Es preferible no ver a un hombre nunca. Desde niña les tuve miedo». Está enamorada de Pepe el Romano y esta pasión la lleva hasta la nefasta vileza del acto final que provoca el suicidio de Adela, por quien siente unos celos irreprimibles, haciéndole creer que Pepe ha muerto tiroteado por Bernarda.

Adela

Adela, de 20 años, es la más joven, hermosa, franca y apasionada de todas las hermanas. Es la encarnación de la abierta rebeldía. Su vitalismo, su fuerza, su pasión, le hacen prorrumpir en exclamaciones escandalosas como: «¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!». En desafío abierto con la moral establecida, está dispuesta a convertirse en querida de Pepe el Romano. Su momento culminante es cuando rompe el bastón de mando de Bernarda (Acto III) en un arrebato de rebeldía trágica y exclama: «¡Aquí se acabaron las voces de presidio! Esto hago yo con la vara de la dominadora... ¡En mí no manda nadie más que Pepe!». Encarna la vida, frente a la muerte que encarna su madre. Su rebelión no tiene más remedio que el suicidio. Con la muerte, libremente asumida, puede alcanzar, paradójicamente, su libertad.

La Poncia

La Poncia, de 60 años, tiene la misma edad que Bernarda y es su criada principal. Es su confidente e interviene en las conversaciones y en los conflictos; hace advertencias, da consejos; hasta tutea a Bernarda, pero esta no deja de recordarle las distancias que las separan, a pesar de que tiene su misma mentalidad. Se rige por el código de la decencia y las apariencias («Quiero vivir en casa decente. ¡No quiero mancharme de vieja») y por la relación con los hombres: «Yo tengo la escuela de tu madre». Aunque asume su condición, está llena de rencor contenido; odia a Bernarda y tampoco quiere a sus hijas. Se caracteriza por su sabiduría rústica, por el sabor y la riqueza de su habla, en ocasiones de lengua afilada y agresiva. Su actuación adquiere tintes premonitorios semejantes a los del coro de la tragedia clásica cuando comunica sus advertencias a Bernarda acerca del comportamiento de sus hijas.

María Josefa

María Josefa es la abuela de 80 años. Por su demencia senil y para evitar que la gente del pueblo la vea, Bernarda la mantiene encerrada. En ella se mezclan cordura y verdad. Se hace portavoz del anhelo común: «¡Déjame salir!». Y agranda líricamente los problemas centrales de las mujeres de la casa: la frustración, el anhelo de matrimonio y de maternidad, el ansia de libertad y de espacios abiertos. Va ataviada con flores, en clara simbolización erótica, y su voz adquiere tintes proféticos cuando le dice a Martirio: «Pepe el Romano es un gigante. Todas lo queréis. Pero él os va a devorar...»

Personajes Secundarios

La Criada

La Criada, de 50 años, tiene menor relieve que La Poncia y también participa del rencor hacia el ama (y hacia el difunto marido que la acosaba), aunque se muestra sumisa e hipócrita. Obedece a La Poncia, pero es altanera y ruda con la mendiga.

Prudencia

Prudencia, de 50 años, es amiga de Bernarda.

Mujeres del Pueblo

Las Mujeres del Pueblo son mujeres cotillas y a la vez criticonas. Fingen amistad con Bernarda.

Muchacha

La Muchacha es un personaje menor que aparece brevemente en la obra.

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