Pilares de la Filosofía Clásica: Dios, Alma y Felicidad en Tomás de Aquino, Platón y Aristóteles

Clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 4,66 KB

Tomás de Aquino: La Razón y la Fe en la Búsqueda de Dios

Tomás de Aquino (siglo XIII) elabora una síntesis entre el pensamiento aristotélico y el cristianismo: la fe y la razón, siendo autónomas, se complementan para llegar al conocimiento de Dios. Este texto pertenece a la Suma Teológica, obra cumbre de la Escolástica cristiana. La obra comienza planteando el problema teológico de la existencia de Dios. En resumen, para Tomás, la existencia de Dios no es por sí misma evidente, pero puede ser racionalmente demostrada a posteriori, a partir de sus efectos, partiendo de cinco aspectos distintos del ser creado y contingente, que constituyen las cinco vías para llegar de la criatura al Creador.

Temas Clave en la Demostración de la Existencia Divina

  1. Se plantea la cuestión de si la existencia de Dios es evidente. Tomás argumenta que es evidente en sí misma, pero no lo es para nosotros.
  2. Se plantea la cuestión de si se puede demostrar la existencia de Dios. Tomás argumenta que se puede demostrar a posteriori, a partir de los efectos.
  3. Se plantea la cuestión de si Dios existe. Tomás demuestra su existencia mediante las cinco vías.

Platón: La Inmortalidad del Alma en el Fedón

El Fedón es un diálogo perteneciente a la época de madurez de Platón. Este texto se sitúa en la primera parte del diálogo. Esta primera parte del Fedón comienza con argumentos que defienden que el verdadero filósofo no debe temer a la muerte. A continuación, se presentan tres pruebas de la inmortalidad del alma. La primera se basa en los contrarios; la segunda (expuesta en el texto objeto de este comentario), en la reminiscencia; y la tercera, en la simplicidad del alma. El diálogo continúa con una explicación sobre la teoría de la reencarnación, seguida de una cuarta prueba de la inmortalidad y una descripción del destino de las almas tras la muerte.

El Argumento Central: La Reminiscencia

El texto se centra en demostrar la inmortalidad del alma a partir del argumento de la reminiscencia.

Aristóteles: La Felicidad y la Vida Contemplativa en la Ética a Nicómaco

El fragmento a analizar pertenece a la Ética a Nicómaco de Aristóteles, obra en la que quien en la Edad Media fue considerado “el Filósofo” trata los temas de la felicidad o eudaimonia como fin último al que tiende toda acción humana, y la virtud o areté como la excelencia, entendida como hábitos que se adquieren y que permiten, con la prudencia, distinguir el punto medio entre dos extremos.

El extracto está incluido en el capítulo VI del libro X, en el que el discípulo de Platón analiza la naturaleza de la felicidad, concebida como una actividad conforme a la virtud. Afirmará que solo se alcanza la felicidad plena a través de las virtudes dianoéticas, que perfeccionan la parte mejor del ser humano. La actividad contemplativa será considerada como la mejor virtud, pues no responde a ninguna necesidad vital.

La Felicidad Perfecta: Pensamiento Contemplativo

Específicamente, el texto proporcionado aborda cómo la felicidad perfecta del ser humano se encuentra en el pensamiento contemplativo, el cual es intrínsecamente valioso y conduce a la independencia y la tranquilidad. Para ello, el Estagirita reflexiona acerca de la felicidad, considerando que esta consiste en llevar a cabo cierto tipo de actos conformes con la virtud.

Comparación de Actividades: Política y Guerra vs. Contemplación

Aristóteles analiza dos tipos de actividades en las que la felicidad podría consistir: las de la política y la guerra, y las del pensamiento y la contemplación. Esto lo hace teniendo en cuenta que las características que ordinariamente se atribuyen a la felicidad son el placer, la calma, el ser un fin en sí mismo y la independencia. Las actividades de la política y la guerra se realizan en medio de la agitación y, a pesar de su brillantez e importancia, no constituyen fines en sí mismas, sino que siempre se llevan a cabo en vistas de un fin ajeno. Por ello, estas actividades no pueden ser las actividades de virtud que, según Aristóteles, definen la felicidad. En cambio, la actividad del pensamiento contemplativo es placentera (con un placer que se ve aumentado por la intensidad de la acción), constituye un fin en sí mismo, es independiente (pues se puede realizar sin necesidad de otro), y no se desarrolla en un clima de agitación, como es el caso de la política y la guerra, sino en un contexto de tranquilidad y calma. La felicidad, por tanto, consiste en la vida contemplativa.

Entradas relacionadas: