Pintura Románica: El Pantocrátor de Taüll y el Expresionismo Medieval en la Plástica Románica
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Original de la iglesia de Sant Climent de Taüll y trasladado al Museo de Arte de Cataluña, el Pantócrator presidía las ábsides de la pintura románica. Manifiesta todas las características de la plástica románica con el objetivo de plasmar una imagen de la divinidad, habitualmente propia de la época: furiosa, autoritaria en su actitud. Cristo aparece como juez, enmarcado en una mandorla donde están las letras alfa y omega (principio y final de las cosas). La actitud es habitual, gesto didascálico. Alrededor de Cristo aparecen los cuatro tetramorfos con sus símbolos sujetados por ángeles. Completa el espacio un serafín y un querubín. En la parte inferior, la Virgen María y los doce apóstoles, dejando constancia de la jerarquización temática. Estilísticamente, trata de impresionar; por eso, el ejemplo fue expresionismo pictórico medieval, destacando el tratamiento cromático (entorno de Cristo azul y luminoso que transmite la unidad cromática del conjunto). Son los tres los que muestran rostros y el tratamiento de los pliegues, que subrayan la fuerza y el vigor expresivo. Los ojos son dos óvalos negros; la nariz, dos líneas paralelas que dividen el rostro; la barba y los cabellos, un ostentoso sentido de simetría compositiva y dogmatismo lineal. Los pliegues de las vestiduras forman una suerte de trazos paralelos que marcan el ritmo de líneas gruesas y contrastadas; los pies, en forma de "V". Todo ello reduce la imagen a una concepción geométrica de la figura, consiguiendo una abstracción de la realidad, representando que la divinidad nos dista mucho.
La fuerza expresiva, la rotundidad de los trazos y el impacto del color resumen el vigor y la calidad de la pintura románica.
Las iglesias románicas y su espacio interior
Las iglesias románicas son grandes conjuntos o abadías, monasterios o ermitas que configuran un espacio interior mágico, capaz de satisfacer todo el componente simbólico y espiritual del ser humano de la Edad Media.
Para ilustrar el contenido esencial de la Sagrada Escritura con claridad, contundencia y expresividad, la imagen es el vehículo de transmisión. La expresión plástica es esencial en aquella época y, para completar los interiores de las iglesias, la pintura se convierte en la principal protagonista. Al participar de su valor simbólico y narrativo, el efecto del color, el impacto matizado por los juegos de luces y sombras, y las indirectas contribuyen a recrear un ambiente de misticismo sobrenatural que envuelve al cristiano del pueblo.
La representación del mundo y la trascendencia
Antes que la reproducción del entorno ajeno al mundo cotidiano, lleno de sombras, el arte pretende que el espectador se encuentre con la divinidad. El pórtico de entrada, dice hacia el cielo y la distancia en el tiempo frente al mundo real.
Así, en la pintura románica prevalecerá el valor expresivo, narrativo y simbólico sobre todo. Se perfilan las figuras con gruesos trazos, se aplican colores planos y vigorosos que originan una intensa luminosidad pictórica. No ya movimientos reales en las imágenes, que están todas dentro de un hálito divino que las idealiza.
Características técnicas
Se desprende de ello que no existe una vinculación realista ni relaciones de proporcionalidad. Se busca la grafía clara, se simplifican las imágenes para sintetizar y se enfatizan los símbolos. Entre las principales características técnicas destacan:
- Fresco al temple
- Tabla
- Gradación de tamaños según jerarquías