La poesía española de finales del siglo XX: del culturalismo de los Novísimos a la poesía de la experiencia

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Introducción

El panorama poético de finales del siglo XX es de gran complejidad debido a la convivencia de poetas procedentes de distintas generaciones y a la multiplicidad de tendencias que se suceden. Cabe destacar la irrupción con fuerza de las mujeres en la poesía de finales del siglo XX e inicios del XXI.

1. De los Novísimos a los años 80

Desde 1966 hasta bien entrados los años 80, la estética dominante es la de los Novísimos, cuyo nombre procede de la antología 9 novísimos poetas españoles, publicada por José María Castellet. Se trata de un movimiento de vanguardia cuyos miembros (por ejemplo, Guillermo Carnero, Antonio Colinas, Manuel Vázquez Montalbán, etc.) tienen una rica formación literaria, reexaminan la tradición poética y están influidos por el cine, la televisión, el cómic, la música y por temas como la guerra de Vietnam o los conflictos raciales.

En la forma presentan rasgos como el lenguaje exuberante, la escritura automática, el verso libre, el collage, etc. Con el inicio de la democracia, los Novísimos buscan un camino más personal y atenúan su actitud culturalista.

2. La poesía de los años 80 a la actualidad

Aparece una nueva generación de poetas nacidos en torno a los años sesenta. A pesar de la pluralidad de tendencias entre ellos, podemos citar algunas características comunes:

  • Toman como modelos a autores como Gil de Biedma, Valente o Cernuda.
  • Recuperan formas métricas tradicionales.
  • Vuelven a la poesía narrativa con un lenguaje coloquial. Se cuentan historias a partir de la anécdota, se introducen términos cotidianos y del lenguaje publicitario (Kodak, copiyo de clientes, supositorio). Se descarta lo abstracto.
  • Abordan temas subjetivos, relacionados con la propia experiencia: el paso del tiempo, las relaciones personales, conflictos urbanos y cotidianos.
  • Emplean el humor, la parodia o la ironía como elementos distanciadores.

Destaca Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950), al ser probablemente el poeta más cantado de la llamada Movida madrileña. Su interesante obra evoluciona desde la poesía culturalista de los Novísimos hasta la poesía de lo cotidiano y, sobre todo, del amor. Muchas de las letras de canciones de Loquillo y de la Orquesta Mondragón son suyas. El registro utilizado en esta etapa es muy actual, aparentemente sencillo.

3. La controversia entre la poesía del silencio y la poesía de la experiencia

En las décadas que preceden al final del siglo se produce una controversia que enfrenta dos posturas poéticas: la poesía del silencio y la poesía de la experiencia. En ambas poéticas se exige concisión y se rechazan los experimentalismos, en favor de una lengua cotidiana que trata y reflexiona sobre asuntos realistas, verosímiles y reconocibles de la actualidad, más próxima a la vida diaria.

La poesía del silencio

  • Se trata de una poesía minimalista que reivindica las vanguardias.
  • Es una poesía reflexiva, filosófica, de raíz intelectual. Se depura el lenguaje hasta alcanzar lo esencial. En definitiva, es la búsqueda de la poesía pura.
  • Predomina la desolada visión del ser humano. Iniciada por Jaime Siles, quien en sus breves y densos poemas medita sobre la identidad del ser, sobre el amor y sobre la incapacidad de comunicarse en profundidad, de desahogarse del dolor trascendental de la existencia efímera. No hay diálogo con ningún dios ni complacencia en la vida confortable.

Esta tendencia cuenta con autores como Andrés Sánchez Robayna, Clara Janés, Amparo Amorós, Concha García o Julia Castillo.

Hay que mencionar a José Agustín Goytisolo (Barcelona, 1928-1999), conocido sobre todo por medio de las canciones de Paco Ibáñez. Pertenece a la etapa de la transición y defiende una postura ética ante la vida. Su expresión es siempre sencilla y transparente. En la memoria colectiva de los españoles ha quedado «Palabras para Julia».

Poesía de la experiencia

Es la tendencia que domina el panorama poético hasta mediados de los noventa. Es una poesía de corte realista que habla de la vida y de la realidad cotidiana: el desengaño amoroso, el fracaso, el desencanto y conflictos generacionales como la droga, la incomunicación o el consumismo.

En la forma, destaca el uso de la narratividad, el monólogo y el diálogo dramático, las expresiones coloquiales y el sentido del humor. El protagonista es el yo recreado con una clara vocación de comunicación con los lectores, por lo que se hace uso de un lenguaje poético accesible.

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