La Poesía Social de Blas de Otero: Compromiso y Lenguaje en Pido la Paz y la Palabra

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La voz del poeta: compromiso y lenguaje en la poesía social

Como hemos señalado más arriba, el poeta dirige su voz a la inmensa mayoría; por su voluntad de llegar al pueblo, usa un lenguaje claro, intencionadamente prosaico y de tono coloquial.

La estructura y la tensión expresiva

La idea esencial del poema —su declaración de intenciones— se remarca mediante la repetición de la secuencia “Pido la paz y la palabra” en tres ocasiones en un poema de 15 versos. Sin embargo, esta exhortación (o petición) está llena de tensión por la situación social y política que se vive en España en los años 50. Por eso, las mismas palabras del verso alteran su disposición y se descolocan en su repetición.

Además, esa tensión y violencia expresiva se intensifican con los encabalgamientos abruptos, por ejemplo:

  • “Pido / la paz / y la palabra” (vv. 4-6), separados en tres versos diferentes.

Los elementos que quedan aislados tras esos encabalgamientos abruptos quedan realzados, aumentando su intensidad, como:

  • “Escribo” (v. 2)
  • “la paz” (v. 5)
  • “Digo” (v. 10)
  • “Pido” (v. 14)

Evolución poética: de la angustia al compromiso

Se observa, además, el paralelismo de estos elementos aislados, verbos en presente (“Escribo”, “Digo”, “Pido”), que ponen de manifiesto esa nueva declaración de intenciones del poeta: la poesía social. Esta se contrapone a su palabra poética anterior, la poesía existencial (“He dicho”), que se manifestaba en ese estado de angustia y vacío, que el poeta rememora mediante las referencias metalingüísticas (o intertextualidad) de los términos propios de su poesía existencialista: “silencio”, “sombra”, “vacío”.

La metáfora del “Océano Pacífico”

La imagen más potente de todo el poema es la metáfora “océano pacífico”. El Océano Pacífico es un mar real, pero su uso en el poema juega con la ironía: el poeta anhela un océano que, más allá del nombre, sea verdaderamente pacífico, es decir, sin guerras ni violencia.

Además, la imagen de un océano evoca inmensidad y amplitud, un deseo de paz que no es solo personal, sino global. La paz que Otero pide no es parcial ni localizada, sino extensa, abarcadora, de una dimensión tan grande como el océano: la idea de lo absoluto. En definitiva, Otero da un nuevo significado a esta imagen para integrarla a su discurso político y humanista.

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