Poesía, teatro y novela en el Romanticismo

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Ideas estéticas dominantes El Romanticismo es un movimiento cultural, artístico y literario, que surge a raíz de las crisis que afectaron a Europa tras la Revolución Francesa de 1789, y se desarrolló hasta mediados del siglo XIX. Los rasgos que lo caracterizan son:

  • Individualismo frente a la ley y a la norma, exaltándose la personalidad del individuo y exigiendo el derecho a la libertad.
  • Sentimentalismo: el culto a la razón se sustituye por el culto a los sentimientos, que a veces arrastran al individuo a un vibrante entusiasmo y otras a la desesperación y la melancolía. Estos cambiantes estados de ánimo se proyectan sobre el paisaje y la persona amada. Prefieren paisajes agrestes, ruinosos y nocturnos, así como la mujer es a veces una criatura angelical y otras un ser destructivo y malvado.
  • Idealismo: se aspira a unos ideales absolutos y difíciles de conseguir, lo que provoca en el hombre romántico un choque con la realidad. La vida se convierte en un problema sin solución. Así, surgen dos actitudes: la angustia metafísica, que lleva al abandono, la droga o el suicidio; o la evasión a lugares y tiempos como Oriente, Grecia, la Edad Media, los países nórdicos.
  • Preocupaciones filosóficas y políticas: Dios, el alma, el sentido de la vida y la muerte, el destino… constituyen el tema central de muchas obras románticas. A la vez, los románticos heredan las ideas políticas y sociales de los enciclopedistas defendidas con su conducta u obra.

Todas estas características tienen una plasmación literaria que recorre la producción de los autores románticos, agrupados en los tres géneros literarios: poesía, narrativa y teatro.

Poesía La poesía lírica se adapta mejor a la expresión de los sentimientos personales y pasionales, siendo por ello muy cultivada por los escritores románticos. Aspiraba a representar la belleza del mundo, expresar los sentimientos íntimos del poeta; y, en cuanto a la forma, era muy variada en metros y estrofas. Encontramos dos grandes corrientes: una poesía más intimista, con autores como Novales o Keats; y una poesía con mayor contenido épico, con autores como Lord Byron, Shelley, Víctor Hugo y José de Espronceda.

En Inglaterra, los poetas de esta época se clasifican en dos grupos: los laguistas y los satánicos. Los laguistas son de la región de los lagos. Destaca Wordsworth, que defendió la libertad de los pueblos y rechazó la opresión; y Coleridge, que se ilusionó con los ideales revolucionarios, y creaba personajes misteriosos, de alucinación y ensueño. Ambos escribieron Baladas líricas. Y los satánicos, que provocaron escándalos con sus ideas y su forma de vida. Entre ellos se encuentra Lord Byron, que en sus poemas manifiesta su desprecio por la sociedad, su hastío de la vida y su escepticismo. Escribió el largo poema “Don Juan”. También Shelley, idealista, de gran perfección formal, y autor de la elegía “Adonais”. Y Keats, que es el poeta más puro del Romanticismo, el que consigue una poesía despojada de todo accesorio. Destaca su obra Prometeo desencadenado.

En Alemania, destacan Hölderlin, Novalis y Heine. Hölderlin tenía como tema preferido mitos de la Grecia clásica (destaca Hiperión). En Novalis, el tema central de su obra es el amor (destaca Himnos de la noche). Y Heine, poeta de la última generación romántica, es autor de dos obras muy leídas: Libro de canciones y Romancero, inspiradas ambos en la poesía española. En Francia, destacan Lamartine y Víctor Hugo. Lamartine, con sus Meditaciones poéticas, definidas como “suspiros del alma”, conmovió a los lectores por la sinceridad, la melancolía y la delicadeza con que expresa sus sentimientos en torno al amor y al paisaje. Víctor Hugo cultivó todos los géneros literarios. Como poeta se caracteriza por su gran colorido, sus alardes imaginativos y la variedad temática. En ocasiones, es un poeta que canta al amor, a la muerte y a la naturaleza (Las hojas de otoño); otras un poeta social (Los castigos); un poeta visionario y metafísico (La leyenda de los siglos); o un poeta meramente exótico y decorativo (Los orientales).



En Italia, sobresale Leopardi, que escribió Cantos, en los que la melancolía, el escepticismo y el pesimismo absoluto hacen de este autor el cantor universal del dolor. En España, destacan José de Espronceda y Bécquer. José de Espronceda, romántico exaltado como Byron, posee unas canciones cuyos protagonistas son personajes marginados y rechazados por la sociedad: “Canción del pirata”, “Canción del mendigo”, “Canción del verdugo” o “El reo de muerte”. Sus poemas extensos más conocidos son El diablo mundo y El estudiante de Salamanca. Y Bécquer, mejor autor del post-romanticismo español. Destacan sus célebres Rimas.

Novela Se cultivan tres modalidades: la novela psicológica y sentimental; la novela histórica, que evoca, con gran brillantez pero con poco rigor, épocas remotas; y la novela social, que refleja las duras condiciones de vida de las clases populares.

En Inglaterra, la novela sentimental del siglo XVIII tiene a su mejor representante en Jane Austen. Todas sus obras giran en torno al mismo tema: la elección de pareja por parte de una joven de clase media. Destaca Orgullo y prejuicio. Emily Brontë, autora de Cumbres borrascosas, que presenta el amor romántico y pasional entre dos complejos personajes. Y Walter Scott, iniciador y máximo representante de la novela histórica. A pesar del falseamiento del pasado, de la inverosimilitud de los argumentos y de la ingenua caracterización de los personajes, sus narraciones siguen atrayendo porque ofrecen la aventura en estado puro. Destacan Ivanhoe o El anticuario. En Francia, destaca Dumas con obras como Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo.

En Rusia, destacan Pushkin, autor de Eugenio Oneguin, que defiende los auténticos valores nacionales frente a la superficialidad de las modas europeas, y Nikolái Gógol, quien abrió el camino del Realismo con Almas muertas. En EEUU, destaca Herman Melville, autor de Moby Dick, que narra la titánica lucha entre un hombre enloquecido y una feroz ballena, representando simbólicamente el enfrentamiento entre el Bien y el Mal. Además, aunque no se trate de novela, sino de narrativa breve, cabe mencionar a Edgar Allan Poe, autor de Narraciones extraordinarias, conjunto de relatos policiacos, fantásticos y de terror, poblados de espectros, crímenes, pesadillas y personajes en situaciones límite.

Teatro El fenómeno romántico se dejó sentir con fuerza, con violencia incluso, en tres países: Alemania, Francia y España.

En Alemania, destaca Schiller, precursor de todas las tendencias del drama romántico europeo, destacando su obra Los bandidos. Goethe, que escribió Fausto, centrada en el tema del sentido de la vida del ser humano y en el pacto con el diablo. En Francia, el Romanticismo significaba, ante todo, oposición a la tradición clásica representada por Racine y la Academia. En esta línea se encuentra Víctor Hugo, autor de un texto teórico –el Prefacio de Cromwell–, en que se atribuía al teatro misiones revolucionarias. En España, destacan Ángel de Saavedra, autor de Don Álvaro o la fuerza del sino, en la que mezcla prosa y verso, y rompe con las reglas clásicas para representar la tragedia del protagonista. Y José Zorrilla, autor de Don Juan Tenorio.

En conclusión, la larga nómina de autores  y obras citados nos dan idea de la riqueza y pluralidad con la que se manifestó este movimiento literario, que instituyó con fuerza la idea de la libertad creadora, base de movimientos contemporáneos que llegan hasta la actualidad.

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