Postulados de la Razón Práctica y Ética Formal en Kant: Libertad, Inmortalidad y Dios
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Los Postulados de la Razón Práctica en Kant
Según Kant, para que la moralidad sea posible se requieren ciertas condiciones, los llamados postulados de la razón práctica. Kant los denomina postulados porque, aunque no son demostrables por la razón teórica, según él, pueden y deben ser admitidos por la razón práctica, ya que son condiciones necesarias de la moral misma. Estos postulados son:
1. La Libertad
No puede ser demostrada científicamente, ya que no es objeto de intuición sensible, pero debe ser admitida desde la razón práctica como condición de posibilidad de la ley moral, que para Kant es un hecho (factum morale).
La relación entre la ley moral y la libertad es expresada por Kant en esta frase: "La libertad es la razón de ser (ratio essendi) de la ley moral" y "la moralidad o ley moral es la razón que me permite conocer la libertad (ratio cognoscendi de la libertad)".
2. La Inmortalidad del Alma
Kant argumenta que la razón nos ordena aspirar a la virtud, es decir, a la concordancia perfecta y total de nuestra voluntad con la ley moral. Esta perfección es inalcanzable en una existencia temporal o limitada. Por lo tanto, solo es realizable en un proceso indefinido, es decir, con la inmortalidad. Además, de no ser el hombre inmortal, no habría forma de premiarle adecuadamente sus méritos. Solo con la inmortalidad se premiaría al hombre con justicia.
3. La Existencia de Dios
Kant afirma que la disconformidad que encontramos en el mundo entre el ser y el deber ser exige la existencia de Dios como realidad en quien el ser y el deber ser se identifican, y en quien se da la unión perfecta de virtud y felicidad. Es decir, Dios tiene que existir porque sin Dios no habría modo alguno de garantizar la felicidad perfecta.
A estas preguntas responde Kant fundamentalmente en sus obras: La Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres (1785) y La Crítica de la Razón Práctica (1788).
La Ética Formal Kantiana
La originalidad de la ética kantiana radica en proponer una ética formal, en contraposición a las éticas materiales.
Las éticas materiales persiguen acciones determinadas, ordenadas a un bien que señalan como bien supremo o fin último (por ejemplo, el epicureísmo, el aristotelismo, etc.).
Kant rechaza las éticas materiales por tres razones:
- Porque son empíricas o a posteriori: su contenido está extraído de la experiencia.
- Porque sus preceptos son hipotéticos, es decir, condicionados.
- Porque son heterónomas, es decir, en ellas la ley no viene dictada por la propia conciencia moral.
Frente a las éticas materiales, Kant propone una ética que sea autónoma, formal y del deber:
- Una ética autónoma: porque la ley moral procede únicamente de la razón práctica, que es autolegisladora (se da a sí misma la ley).
- Una ética del deber: obra moralmente quien obra conforme al deber y por respeto al deber. Una acción solo es buena cuando, además de ser conforme al deber, se hace por respeto a la ley y al deber. (En el ejemplo de los vendedores, obra moralmente aquel que vende la mercancía a su precio justo sin ninguna otra motivación que el deber; no aquel que la vende a un precio mayor o el que la vende al precio justo, pero por temor a perder clientes).
- Una ética formal: es decir, vacía de contenidos concretos, que no esté ligada a preceptos condicionados. Esta ética se expresa a través de un imperativo categórico que manda sin ninguna condición. Kant ofreció diversas fórmulas de este imperativo categórico que pueden denominarse máximas de la moral kantiana.