Los Postulados de la Razón Práctica en la Ética de Kant

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La metafísica y la razón práctica en Kant

Cuando, siguiendo las instrucciones dictadas por Kant, admitimos la imposibilidad de la metafísica como ciencia —dado que sus objetos (alma, mundo y Dios) no son fenómenos sobre los que aplicar nuestras categorías—, dejamos abierta la posibilidad de acceder por otras vías a estos mismos objetos, una vez quedó definitivamente descartada la posibilidad de conocerlos de modo científico.

Esta vía es la de postularlos como supuestos necesarios para sostener la razón práctica y, de paso, la ética. Necesitamos postular la existencia de la libertad de los seres racionales, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios para justificar la ética.

Los tres pilares de la moralidad

  • La libertad: Su postulación obliga a replantear el papel del ser humano en la naturaleza. Mientras esta se rige por leyes universales y necesarias, los seres racionales se comportan siguiendo su propia causalidad interna, la cual no está sujeta a las leyes inflexibles de la naturaleza.
  • La inmortalidad del alma: Si queremos terminar con éxito la tarea de ser virtuosos —comportándonos de acuerdo con el deber y, al mismo tiempo, por respeto al mismo—, el tiempo de nuestra vida mortal resulta insuficiente. Es necesario, inevitablemente, que nuestra alma perviva para satisfacer esta exigencia ética.
  • La existencia de Dios: Dios es la garantía de que lo que “debe ser” llegue algún día a “ser”.

Dios como garante de la esperanza

La ética nos advierte de quién debemos ser, cómo debemos comportarnos y a qué debemos aspirar por el hecho de poseer el privilegio de ser personas. Sin embargo, todos somos conscientes de la distancia entre lo que nos gustaría ser, cómo debería ser el mundo que nos rodea y lo que realmente somos.

Dios es el único que puede garantizar, en nuestra vida inmortal, que nuestros desvelos no han sido en vano. Él acorta el abismo entre el deber ser y el ser, entre la virtud y la felicidad, que en nuestra vida mortal no siempre van unidas. Dios asegura que en la eternidad esto no suceda; por todo ello, es necesario postular su existencia.

Conclusión: ¿Qué me cabe esperar?

Con todo esto, hemos contestado a la última de las preguntas de Kant: “¿Qué me cabe esperar?”, la cual hace referencia a la esperanza de lo que nos acontecerá. Si no se asegura esta esperanza, difícilmente se pueden sostener las obligaciones de la ética.

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