La Práctica Reflexiva en la Formación Docente según Philippe Perrenoud
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La Práctica Reflexiva según Philippe Perrenoud
Podemos esperar de una práctica reflexiva (según Perrenoud) que:
- Compense la superficialidad de la formación profesional.
- Acredite una evolución hacia la profesionalización.
- Favorezca la acumulación de saberes de experiencia y la cooperación con los compañeros.
- Prepare para asumir una responsabilidad ética y política.
- Ayude a la lucha contra la irreductible alteridad del aprendiz y a sobrevivir en un oficio imposible.
- Aumente la capacidad de innovación.
- Proporcione los medios para trabajar sobre uno mismo.
Acreditar una evolución hacia la profesionalización
Procede de un cálculo racional; cada uno presiente que, para asumir una fuerte autonomía profesional sin correr riesgos imprudentes, es preciso contar con una gran confianza en uno mismo, basándose en competencias especializadas, capacidad de juicio, análisis e innovación.
Ayudar a afrontar la irreductible alteridad del aprendiz
Reflexionar sobre la propia práctica también significa reflexionar sobre la propia historia, habitus, cultura, familia y relación con los demás. Esta información debe proporcionar un estatus profesional claro y positivo, en un intento de comprender de dónde provienen nuestras relaciones con los demás.
Aumentar la capacidad de innovación
Innovar significa transformar la propia práctica, lo que no exime del análisis de lo que hacemos y de las razones para continuar o cambiar. Una innovación endógena se origina en la práctica reflexiva, motor de la formación de proyectos alternativos. En tanto, un enseñante reflexivo examina el estado de la comunicación en su práctica actual.
Proporcionar los medios para trabajar sobre uno mismo
Es un sistema de acción cuyo mal funcionamiento engendra un problema, implicando la participación de un actor. Su forma de actuar ha suscitado reacciones, especialmente sentimientos de duda, modificando su conducta. En él, la reflexión no aclara un error estrictamente técnico, sino actitudes y prácticas relacionadas con el alumnado, el saber y capacidades didácticas del enseñante.
La formación debe preparar al enseñante, brindándole las herramientas necesarias para que se convierta en un sujeto autorreflexivo, lúcido y exigente, sin menospreciarse, transformándose así en su propio supervisor.