El Fin de la Primera República Española y el Proceso de Romanización en Hispania
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El ocaso de la I República y el inicio de la Restauración
La sublevación cantonal marcó un punto de inflexión en la historia de España. El cantonalismo, entendido como una degeneración del federalismo, aspiraba a la creación de pequeños núcleos territoriales de gobierno autónomo. Finalmente, el general Pavía dio un golpe de Estado, ordenando a la Guardia Civil disolver las Cortes de la I República (3 de enero de 1874).
En ese momento, se puede afirmar que termina la República parlamentaria y comienza una nueva etapa que, aunque formalmente seguía siendo una república, en la práctica se convirtió en una dictadura militar. Provisionalmente, el gobierno quedó bajo el mando del general Serrano.
Meses más tarde, el general Martínez Campos se pronunció declarando a Alfonso XII rey de España, lo que supuso la definitiva desaparición de la I República y el retorno de la monarquía borbónica (diciembre de 1874). El joven monarca regresó del exilio el 14 de enero de 1875, dando inicio a la Restauración: un régimen monárquico, conservador y católico que, si bien defendía el orden social, garantizó el funcionamiento del sistema político liberal.
La Romanización de Hispania
La romanización abarca el periodo comprendido entre el 218 a.C. y el 19 a.C. Este proceso consistió en la integración de los pueblos prerromanos (íberos, celtas y celtíberos) en los modelos económicos, sociales, político-administrativos, culturales y religiosos de Roma.
Características del proceso
- Integración social: Fue un proceso impuesto por los conquistadores, pero contó con el apoyo de las élites locales, interesadas en integrarse en el Imperio romano para preservar sus privilegios.
- Economía: La Hispania romana experimentó un notable desarrollo basado en el comercio, la agricultura y la minería.
- Estructura social: Se consolidó una sociedad esclavista, donde los esclavos desempeñaban la mayor parte de las labores productivas.
Legado y administración
El territorio peninsular se dividió en provincias, cada una bajo la administración de un procónsul o propretor. Se impulsó la creación de:
- Infraestructuras: Nuevas ciudades, obras públicas (puentes, acueductos, teatros) y vías de comunicación (calzadas y puertos).
- Cultura y Derecho: El latín se extendió entre las élites, introduciendo un nuevo derecho penal, pilar fundamental de la civilización romana.
- Religión: Se implantaron los cultos cívicos romanos, aunque se permitió la continuidad de las religiones autóctonas.
Finalmente, cabe destacar el papel del ejército romano, en el cual se enrolaban los indígenas, actuando como focos de romanización al regresar a sus poblados de origen.