El problema del arjé: de los primeros filósofos griegos a Platón

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El problema del arjé

1. Del mito al logos

Los primeros filósofos griegos se preguntaron por el origen de la naturaleza, llamada physis. Querían encontrar el arjé, es decir, el principio fundamental del que procede todo lo que existe. No aceptaban explicar la realidad mediante mitos, sino que buscaban una explicación racional. Pensaban que no podía surgir de la nada y que la naturaleza seguía un orden que podía ser comprendido.

1.1 Escuela de Mileto

Los filósofos de Mileto buscaban el arjé, el principio fundamental del que procede todo lo que existe. Pensaban que la naturaleza (physis) tenía un único principio que permitía explicar su origen y funcionamiento. Se consideran monistas, porque defendían que todo procedía de un solo elemento.

Tales de Mileto: afirmaba que el arjé era el agua, porque consideraba que era el principio de todas las cosas y que la vida dependía de ella.

Heráclito

Heráclito defendía que la realidad está sometida a un cambio constante. Nada permanece exactamente igual: la naturaleza está siempre en devenir. Sin embargo, este cambio no es caótico. Está gobernado por el logos, una ley racional que organiza la realidad.

Para Heráclito, los contrarios son necesarios y están relacionados: no podemos entender la vida sin la muerte, o el frío sin el calor. El fuego representa bien esta visión porque está siempre cambiando pero mantiene cierta continuidad. Los contrarios están en tensión, como un arco y una flecha. Esa tensión es necesaria para que exista la realidad. El fuego es el principio que gobierna y ordena el conflicto entre los opuestos.

Parménides

Parménides defendió una postura totalmente contraria a Heráclito. Según él, los sentidos nos hacen creer que todo cambia y que existen muchas cosas diferentes, pero la razón demuestra que eso es imposible. Su principio fundamental es: “El ser es y el no-ser no es”. A partir de esta afirmación, Parménides concluye que el ser no ha nacido, porque antes de existir tendría que proceder del no-ser.

El ser es inmóvil, continuo, ilimitado y perfecto. Por tanto, para Parménides el cambio y la multiplicidad son solo apariencias de los sentidos. La razón muestra que en realidad todo es uno y permanece igual.

Los filósofos pluralistas

Intentaron resolver el enfrentamiento entre Heráclito y Parménides, aceptando que existe el cambio, como observamos con los sentidos, pero sin admitir que algo aparezca de la nada.

Empédocles defendió cuatro elementos eternos: agua, aire, tierra y fuego. No nacen ni mueren, sino que se combinan en diferentes proporciones. El amor los une y el odio los separa.

Anaxágoras habló de las homeomerías, partículas de materia diferentes, y del Nous, una inteligencia que organiza el movimiento.

Demócrito afirmó que todo está compuesto por átomos y vacío. Los átomos son indivisibles y se diferencian por su forma y posición. El vacío permite su movimiento.

Sócrates y los sofistas

Con el desarrollo de la democracia griega, la filosofía cambió de tema: ya no se centraba solo en el universo, sino también en el ser humano y la sociedad. Esto se conoce como giro antropológico.

Los sofistas eran profesores que cobraban por enseñar habilidades útiles para la vida pública, como la retórica, la política, el derecho y la moral. Defendían dos ideas:

  • Escepticismo: no podemos estar completamente seguros de conocer la verdad.
  • Relativismo: no existe una verdad universal, sino que depende de las personas o de la sociedad.

Protágoras lo resumió así: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

Distinguían entre physis, lo natural, y nomos, las leyes y normas creadas por las personas. Platón y Aristóteles los criticaron, porque podían convencer sin defender la verdad y porque cobraban por enseñar. Pero impulsaron la educación, desarrollaron la retórica y orientaron la filosofía hacia los problemas humanos y políticos.

Sócrates

Se centró en el ser humano, pero rechazó el relativismo de los sofistas, pues creía que existían verdades universales sobre la justicia, el bien y la virtud.

Su lema era “Conócete a ti mismo” y afirmaba “Solo sé que no sé nada”. Reconocer la propia ignorancia es el primer paso para aprender. Su método tenía dos partes:

  1. Ironía: mediante preguntas, hacía que las personas descubrieran sus contradicciones.
  2. Mayéutica: las ayudaba a encontrar la verdad por sí mismas, mediante preguntas y razonamientos.

El cuidado del alma: para Sócrates, el alma es la esencia del ser humano, porque permite pensar y actuar moralmente. La filosofía debe ayudar a conocerla y cuidarla para mejorar ética y moralmente.

El intelectualismo moral: Sócrates defendía que quien conoce realmente el bien actúa por bien. Por eso, quien hace el mal lo hace por ignorancia. Aprender no consiste solo en acumular información, sino también en mejorar moralmente.

Platón

Quería explicar cómo es posible el conocimiento verdadero si todo cambia, y cómo explicar la variedad si la realidad permanece inmóvil. Para ello creó la teoría de las ideas, que distingue dos mundos:

  • Mundo sensible: el mundo físico que captamos con los sentidos. Formado por cosas concretas, cambiantes e imperfectas. Por eso, los sentidos no proporcionan un conocimiento completamente seguro.
  • Mundo inteligible: el mundo de las ideas, eternas, universales, perfectas e inmutables. Realidades independientes de nuestra mente. La idea más importante es la idea del Bien, que permite comprender las demás ideas.

Relación entre las ideas y las cosas: las cosas sensibles son copias imperfectas de las ideas, mediante dos formas:

  • Imitación: las cosas imitan al modelo perfecto de las ideas.
  • Participación: las cosas reciben su esencia de las ideas.

La cosmología de Platón explica la forma del cosmos mediante cuatro elementos: las ideas sirven como modelos perfectos; la materia originaria es eterna y desordenada, con un movimiento caótico; el espacio recibe la materia; y el demiurgo organiza la materia siguiendo el modelo de las ideas, pero no crea de la nada.

La anamnesis y el conocimiento

La anamnesis sostiene que el alma conoció las ideas antes de unirse al cuerpo, y que conocer consiste en recordarlas. Las cosas sensibles ayudan a despertar esos recuerdos. Platón distingue entre:

  • Doxa: opinión basada en los sentidos y las apariencias.
  • Episteme: conocimiento verdadero basado en la razón. Se divide en: conocimiento discursivo, que utiliza razonamientos matemáticos y parte de hipótesis; y dialéctica, que supera las hipótesis, llega a las ideas y finalmente a la idea del Bien.

En el mito de la caverna, la doxa corresponde al interior de la caverna, y la episteme se alcanza con la contemplación del Bien.

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